Editorial

Desnudos ante el coronavirus

domingo, 15 de marzo de 2020 · 00:14

El coronavirus llegó a Bolivia y, como era de esperarse, demostró que no estamos preparados para afrontarlo, que nuestro sistema de salud es menos que precario y que somos una sociedad indolente y miserable.

El Gobierno y la representación de la Organización Panamericana de la Salud en Bolivia  habían asegurado que, pese a las debilidades, el país estaba preparado para afrontar la epidemia. Nada más falso.

Los dos primeros casos corresponden a dos bolivianas que vivían en Italia y que arribaron al país portando el virus, sin que se haya tomado ninguna precaución.

Países como Chile, Perú y Colombia decidieron, desde el primer momento,  aislar a los pasajeros provenientes de los países críticos;  en cambio, la primera medida que tomó Bolivia luego de haberse detectado los dos primeros casos, fue pedir el aislamiento voluntario y una declaración jurada en la que la persona se compromete a quedarse en su casa los siguientes días.

Si bien eso cambió un día después con la decisión de prohibir vuelos de Europa y suspender clases y eventos masivos, el primer paso para controlar la epidemia no fue tomado a tiempo y lo más probable es que esto se deba a que el Estado no estaba en condiciones logísticas de acoger a los viajeros porque no se han contratado o construido espacios para ese objetivo. Ahora ya se anunció la habilitación de albergues.

Una vez que las pacientes fueron diagnosticadas empezó el caos, con una mezcla de miedo, ignorancia e intolerancia. La mujer que estaba internada en San Carlos prácticamente fue expulsada por esa población. Luego, el vía crucis continuó en Santa Cruz, donde fue rechazada por siete hospitales. Lo insólito del caso es que fue el propio personal de salud que  bloqueó los ingresos a los hospitales. Esta tónica de bloqueos y desórdenes se iría repitiendo después en otros puntos del país, donde vecinos furibundos bloquearon el acceso a los centros médicos.

El argumento esgrimido es que los centros tienen carencias, que están hacinados, que el personal no fue capacitado y  que, por tanto, no están preparados para atender casos de coronavirus. Todo eso es cierto, pero nada justifica la negativa a brindar salud. En este punto, el Gobierno tiene razón al anunciar que aplicará la justicia en contra de esa actitud criminal.

Imposibilitado de acceder a los hospitales, el Gobierno decidió habilitar centros de tratamiento en infraestructuras que durante el MAS fueron utilizadas con fines políticos, como la escuela militar antiimperialista o las clínicas cubanas. Entonces, los bloqueos se trasladaron a los accesos a esos lugares. Apenas un día después, el Gobierno aclaró que, de todas formas, los enfermos irán a los hospitales y estos centros serán albergues para los  posibles sospechosos.

Esto demuestra la improvisación con la que se está tratando el tema porque, al calor de las protestas y de un día para otro,  las autoridades cambian de plan.

Nada de lo que está ocurriendo puede ser atribuido a la letalidad del coronavirus, que, dicho sea de paso, es baja en comparación a otras enfermedades, sino a la debilidad de nuestro sistema de salud y a la indolencia de la gente.

Bolivia ha vivido 14 años de bonanza económica administrada por el expresidente Evo Morales sin haber hecho gran cosa por mejorar la salud de los bolivianos.  Tal es así que, cuando las necesidades arreciaban en los hospitales, llegó a decir que “entregar un campo deportivo es como entregar un hospital” porque una de sus actividades favoritas era regalar canchas de fútbol. La pena es que ahora los enfermos de Covid-19 no tienen dónde tratarse dignamente.

La presidenta Jeanine Añez, por su parte, anunció la dotación del 10% del presupuesto del Estado para la  salud, lo cual, sin embargo, no llegó a materializarse aún. 

Pese a las recomendaciones de la OMS, pese al bajo índice de letalidad del virus, pese a que la mayoría de los enfermos se recuperan, los bolivianos entraron en pánico. Y, motivos no les faltan a juzgar por nuestro sistema de salud precario y por la desnudez en la que nos encuentra el virus.

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