Editorial

Regularización de cargos jerárquicos

lunes, 2 de marzo de 2020 · 00:22

Una de las formas abusivas utilizadas por el gobierno del MAS para extender su poder más allá de la ley ha sido mantener interinatos en cargos jerárquicos en la administración pública. Así, las personas que los ocupaban, además de ser allegados al partido de gobierno y no haber pasado por el filtro congresal, tenían sus puestos -y por supuesto sus acciones y decisiones-  librados al capricho del Presidente y del Ejecutivo. 

Esto último evidentemente les restaba la independencia necesaria para el correcto cumplimiento de sus funciones contempladas en la ley. La lista de estos cargos es extensa e incluye al Contralor General del Estado, el Presidente del Banco Central de Bolivia, la máxima autoridad de la ASFI,  la Defensora del Pueblo y otros altos cargos de importancia. 

Que hubiese personas que aceptaron la trampa de extender sus interinatos sin plazo o fechas determinadas, es parte del deterioro de la cultura de la administración pública ocasionada por el gobierno del MAS.

La presidenta Jeanine Añez ha realizado nuevos nombramientos interinos en esas instituciones, o algunas de ellas al menos, con lo que se prolonga la irregularidad.

Considerando la composición de fin de mandato de la Asamblea, la solución parece pragmática pero es imperfecta. Queda la tarea de la institucionalización de cargos en el Estado como prioridad para el próximo gobierno.

Por otro lado, el afán centralista del gobierno del MAS ha llevado a la eliminación o traslado de las superintendencias financieras y sectoriales que pasaron a depender de los ministerios del ramo correspondiente. 

Este cambio afecta de manera significativa la independencia que esas autoridades deben tener para tomar complejas decisiones de largo plazo al margen de la injerencia de objetivos políticos de corto plazo.

En el diseño de la estructura del Estado hay pocas verdades absolutas y menos soluciones perfectas. El caso del sistema de regulación es quizá uno de ellos y el próximo gobierno tiene la compleja tarea de encontrar las soluciones que permitan devolver al Estado un funcionamiento más eficaz dentro de nuestras limitaciones y cultura institucionales. Lo que no nos parece óptimo es que se mantenga la estructura dejada por el anterior Gobierno. 

Recuperar la funcionalidad, credibilidad y legitimidad de una gran cantidad de instituciones clave del Estado es una necesidad imperiosa, pero que no debe estar librada ni a la improvisación ni a los intereses partidarios de último momento. 

Es otra importante tarea que debe encarar el próximo gobierno de Bolivia.

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