Editorial

La estupidez y el virus

miércoles, 25 de marzo de 2020 · 07:45

Todavía está fresco el recuerdo de los días de la crisis del agua en la ciudad de La Paz, cuando una combinación de factores climáticos y administración deficiente de las reservas de agua llevó a un serio problema de desabastecimiento en esta ciudad, causando serios problemas de racionamiento, que, como sucede en casi todos los casos,afectaron más al más necesitado.

Uno de los elementos de esa crisis, como recordará el lector, fue el comportamiento ciudadano colaborando en algunos casos con austeridad en el uso del agua y saboteando en otros el esfuerzo colectivo despilfarrando lo que era en ese momento un precioso elemento. Los impactos positivo y negativo del comportamiento individual cuando se extiende a grupos ciudadanos puede ser significativo. Por eso no hay política pública que funcione si la ciudadanía la sabotea.

Algo similar sucede en el combate a la amenaza del coronavirus, esfuerzo en el que estamos, o deberíamos estar, comprometidos todos los bolivianos, sin excepción. Sin ese compromiso todos los esfuerzos que hagan el gobierno, y cada ciudadano por su lado, el virus causará en la población un estrago devastador. Miles de muertes podrían ser todavía evitadas, como lo demuestran los ejemplos de países que han actuado a tiempo y con disciplina sin miramientos.

Ante tan grave situación no puede dejar de llamar la atención la actitud irresponsable de algunas personas que en lugar de acatar las medidas dictadas por el gobierno, las desafían con motivos frívolos o políticos.

Cuando comportamientos anti sociales de este tipo benefician a los propios trasgresores, podemos atribuir su indiferencia al egoísmo, pero cuando el beneficio que obtienen no pasa del gusto del desafío y el perjuicio es enorme para todos –incluyendo a ellos mismos- en términos de vidas humanas. Ya no basta el egoísmo para explicar y solo nos queda la estupidez como explicación.

Decía Einstein que hay dos cosas infinitas, la estupidez humana y el universo, y que sobre lo segundo él no estaba seguro. Así es efectivamente. ¿Cómo entender que habiendo vidas humanas en juego, haya gente que atente contra la colectividad con tamaña indiferencia? ¿Qué especie de loco optimismo les permite creer que los riesgos de contagio y muerte no se aplicarán a ellos?

Lamentablemente, la estupidez es un factor humano que hay que temer y anticipar. Esperemos que si no son las propias conciencias las que corrigen esos comportamientos, las autoridades actúen con todo el rigor que esas transgresiones ameritan.

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