Editorial

Desesperación de bolivianos varados

miércoles, 1 de abril de 2020 · 00:10

Cunde la desesperación de cientos de bolivianos varados en diferentes ciudades, impedidos de regresar a territorio boliviano. En ese campo, el gobierno ha hecho gala de una dureza e inflexibilidad fuera de toda lógica. Debido a que el DS 2.400 que regula las medidas contra el coronavirus, entre otras cosas, decidió “cerrar las fronteras” del país, no ha permitido una solución de parte de las autoridades para con esos compatriotas.

Hacer gala de inflexibilidad es algo contrario al espíritu democrático de un país, además de demostrar poca humanidad y mucha irracionalidad.

Las propias autoridades han cambiado de criterio al respecto. En un primer momento, uno de los duros del gabinete, como es el ministro de Defensa, Luis Fernando López, autorizó el ingreso de los primeros 400 bolivianos detenidos en la frontera de Pisiga. Dijo: “No podemos, no debemos y no tenemos por qué no permitir el ingreso de estos bolivianos a los centros de cuarentena. Todos son asintomáticos, probado por los médicos que se encuentran acá”.

Agregó que era imposible “no darle la mano a un boliviano que llega a esta frontera, cualquiera sea la causa” y pidió a los ciudadanos del país no acosar a estos compatriotas que retornaban. Fueron enviados a sus ciudades, donde primero se los aisló antes de permitirles la libre circulación. Que se sepa, ninguno de esas 400 personas era portadora del virus y, por lo tanto, no produjeron contagios. Pero luego López y otras autoridades ya no se refirieron a la necesidad de “darles una mano” a esos compatriotas. Todo lo contrario. 

Este martes por la noche, López volvió a dar una señal en sentido de que en seis días se habilitarán espacios para que lleguen los compatriotas. Habrá que esperar para ver si esta vez cumple su palabra. 

El derecho de un boliviano de ingresar y transitar dentro de su país está asegurado por la Constitución Política del Estado, que tiene más jerarquía que un DS escrito a la rápida y que no tomó en cuenta todas las posibles excepciones que se iban a producir.

Actualmente existen unos 150 bolivianos en Pisiga, algunos de ellos prácticamente a la intemperie, además de otros 100 en Miami, EEUU, y otras centenas en diversas partes de Europa, incluidos los integrantes de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos, que están en Rheinsberg, Alemania. En un acto de evidente crueldad, un avión de BoA evacuó a 200 estadounidenses que estaban varados en Bolivia, pero al retornar desde Miami, pese a que habían anunciado lo contrario, no trajo de vuelta a nuestros paisanos. Lo mismo ocurrió con la nave que sacó a europeos.

Ante el problema, simplemente el gobierno se ha entercado en decir que “no”. La canciller Karen Longaric anunció que estas personas retornarían cumpliendo con los protocolos de la OMS, pero luego fue desautorizada por el ministro López, que, con traje pseudomilitar y con gafas oscuras, en plena frontera, a pocos cientos de metros e los bolivianos que clamaban por ser ingresados, les cerró las puertas.

Esto demuestra el fracaso del gobierno para atender la crisis generada por el coronavirus. La mayoría de las personas que desean volver al país están sanas y no se puede castigar a todas ellas por las pocas excepciones de quienes pueden tener la enfermedad. Simplemente deben ser aceptados en el país y puestos en cuarentena, por ejemplo, en los cientos de coliseos construidos por Evo Morales en los últimos años, y que por lo general están vacíos. También se los podría colocar en aislamiento en el campo ferial de La Paz, en la hasta ahora inútil sede del Parlamento de la Unasur o en las decenas de hoteles que están actualmente vacíos. Pero alguna solución tiene que haber, y no dejarlos a su suerte.

De quienes ingresen, los que no muestren síntomas en el período establecido por los protocolos de la OMS, serían enviados a sus casas. Si hubiera algún enfermo, se lo trataría como tal. Pero no se puede, puramente por el temor de que uno de ellos tenga coronavirus, impedir que todos los demás retornen. Ahora resulta que las autoridades chilenas están protegiendo a esos compatriotas más que el propio Estado boliviano. Vergüenza.

El gobierno parece creer que con mostrar mano dura se gana la simpatía de la opinión pública, que exhibir inflexibilidad es algo positivo, un valor en sí mismo. Pues no lo es.

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