Editorial

La muerte de Arce Gómez

sábado, 18 de abril de 2020 · 00:15

Con la muerte de Luis Arce Gómez termina por extinguirse una etapa de la historia boliviana reciente. Gómez, como ministro del Interior del gobierno que encabezó Luis García Meza entre 1980 y 1981, dirigió una espantosa etapa represiva en el país, alta inclusive para los estándares bolivianos.

Se le atribuye a Arce la responsabilidad de haber organizado, en colaboración con el exnazi Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon, a “escuadrones de la muerte” que detuvieron, torturaron y asesinaron a los opositores a la dictadura militar. Fue el responsable de la muerte del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, entre varias decenas de otros asesinados y desaparecidos.

Además, estableció un sistema, desde el gobierno, para producir y exportar cocaína a EEUU, contando con otros cómplices que trabajaban para el régimen de García Meza.

El exministro, que falleció a los 81 años, estuvo primero detenido 20 años en una cárcel de EEUU acusado de delitos de narcotráfico cometidos ese país y luego, al retornar a Bolivia, fue apresado por haber sido hallado culpable, en 1993, de delitos de lesa humanidad. Estuvo en total 31 años preso antes de finalmente morir en el penal de Chonchocoro.

Generalmente se señala a 1964 como el año que dio inicio al período de gobiernos de facto en el país. En 1982 se recuperó la democracia cuando Hernán Siles Zuazo llegó al poder por segunda vez. Si algo aceleró el proceso de recuperación democrática fue precisamente la fase de excesos y abusos del gobierno de García Meza, que incluyó, como ya se ha dicho, numerosos hechos de descarada corrupción.

Tras la recuperación de la democracia quedaron en el recuerdo, como una pesadilla, las persecuciones, las limitaciones a la libertad de expresión, la reducción de los derechos políticos, etc. Mediante un difícil aprendizaje democrático, los bolivianos con los años empezamos a aprender a vivir en una sociedad en la que la tolerancia y el Estado de derecho fueran la norma. Pero luego el régimen del MAS, que por un lado ayudó a integrar a millones de personas al sistema político, también redujo las libertades democráticas de vastos sectores.

Hoy, a 40 años del golpe de Estado que llevó al poder a García Meza y Arce Gómez, los bolivianos todavía debemos a aprender a vivir en verdadera democracia. Tenemos una democracia en ciernes. El gobierno actual ha dado señales de tener algunos de los mismos impulsos del régimen anterior, con amenazas innecesarias y el uso de una retórica divisiva y propia de la guerra fría. El aprendizaje, por eso, continúa.

 

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