Editorial

Desesperanza tras 2 meses de cuarentena

domingo, 24 de mayo de 2020 · 00:14

Algo que parecía impensable acaba de ocurrir. Hemos cumplido dos meses de cuarentena en Bolivia y lo más lamentable es que las paupérrimas condiciones para enfrentar al coronavirus han cambiado poco, estamos lejos de alcanzar el pico de la curva y por tanto no podemos soñar aún con aplanarla. En medio de la pandemia, dos hechos nos han avergonzado como país: La compra de respiradores con sobreprecio y los constantes ataques a los médicos en diferentes puntos del territorio. 

En primera instancia, la cuarentena tuvo un efecto positivo porque frenó los previsibles contagios masivos en el país, sin embargo, el sentido de la misma no debió ser únicamente escapar del virus, sino equipar los hospitales, dotar de ítems de salud y resolver las múltiples carencias para enfrentar la pandemia. 

Sin embargo, dos meses después vemos que eso no ha ocurrido y, por el contrario, el único intento serio por equipar los hospitales –la compra de 170 respiradores- terminó convertido en el mayor acto de corrupción del gobierno de Jeanine Añez.

Al margen de estos respiradores básicos y por ahora inútiles que se ha comprado, el gobierno ha prometido la adquisición de otros 500 respiradores de terapia intensiva, de los que hace mucho tiempo se sabe que están en camino, pero no se conoce a ciencia cierta cuándo llegarán y si, una vez que estén en Bolivia, van a ser verdaderamente útiles, tomando en cuenta que el respirador necesita de infraestructura y camas para ser instalado, pero, sobre todo, precisa de intensivistas para su manipulación.

Otro fiasco han resultado los laboratorios que debían instalarse en las capitales de departamento. Pese a que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo donó 10, la mayoría no está funcionando por falta de reactivos, por carencia de infraestructura o por negligencia.

La situación sigue siendo precaria, por eso los médicos no dejan de protestar. Esta semana hubo marchas de galenos en Trinidad, donde la situación se ha salido de control, y también en La Paz. Los médicos deberían estar atendiendo a los enfermos en vez de estar protestando en las calles.

Y hablando de médicos, ellos han sido los peor tratados durante este tiempo, nos solo por la falta de condiciones, sino por la intolerancia y violencia desatada por ciudadanos inconscientes que los atacan pese a que ellos son los únicos que pueden salvarles la vida.

Hasta ahora se han contabilizado 18 episodios violentos contra los galenos que se han visto obligados a dar de alta a sus pacientes y abandonar sus hospitales para ponerse a buen recaudo. Quienes los atacan quieren ocultar la existencia del virus para continuar adelante con sus actividades económicas y culpan por lo que está ocurriendo a los médicos. Nada más irracional que eso.

El panorama es gris y lo más desesperanzador es que no se ve la luz al final del túnel. Los casos siguen en ascenso en Bolivia y no parece estar cerca el pico de la curva. Ya se han registrado más de 5 mil casos y más de 200 muertos, pero al margen del número global, hay regiones que preocupan más que otras. El caso es Beni resulta alarmante porque hay gente que ha empezado a morir en su casa sin acceder a una prueba ni a atención de salud, los hospitales están colapsando y los médicos que quedan –muchos están contagiados, aislados o renunciaron- no se dan abasto para atender.

A esto hay que añadir que la cuarentena durante los últimos días existió únicamente en el papel y en el sector formal, que es el minoritario. Poco a poco, comerciantes, transportistas y cuentapropistas han empezado a salir a buscar medios de subsistencia porque no es posible vivir dos meses sin trabajar. Los bonos que ha pagado el gobierno son insuficientes.

Esto configura un escenario de mayor riesgo de contagio y de descontrol de la situación porque quedó claro que no nos hemos preparado para afrontar la pandemia. Los dos meses de confinamiento han sido duros para la economía de la gente, pero las autoridades no han sabido responder a ese sacrificio.

 

 


   

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