Editorial

Necesaria renuncia del presidente de YPFB

viernes, 8 de mayo de 2020 · 00:16

Ya hemos comentado en este espacio que el sistema de salud es un “monstruo de tres cabezas”, que otorga responsabilidades, a veces contradictorias y sobrepuestas, a los niveles nacionales, departamental y municipal. Ello ha dificultado tener objetivos claros durante la grave crisis sanitaria que vive el país.

Algo similar se ve en el tema de la energía y los hidrocarburos en el país. En primer lugar, el expresidente Evo Morales tuvo la mala idea en 2017 de dividir el Ministerio en dos, uno muy grande, que tiene que ver sobre todo con la comercialización de gas natural, como es el Ministerio de Hidrocarburos, y otro muy pequeño, casi sin funciones, el de Energías. Este debe, según el decreto de creación, implementar políticas “destinadas a los sectores eléctrico, evaporítico y nuclear”. Al respecto se puede decir que las políticas eléctricas las ve con mucha eficiencia la empresa ENDE, mientras las energías evaporítica y nuclear son inexistentes.  El segundo gran problema del sector es que YPFB no depende, como solía ocurrir antes del gobierno de Morales, del Ministerio de Hidrocarburos. Para que la petrolera estatal pudiera convertirse en la “caja chica” del gobierno y facilitar otros actos irregulares, se le dotó de casi completa autonomía y su presidente depende directamente del Jefe de Estado.

Así que en el sector tenemos un Ministerio que supervisa el área, pero una empresa que hace el trabajo directo de la cadena.

A ello debe agregarse la Agencia Nacional de Hidrocarburos, una empresa autárquica con autonomía administrativa y económica que debe supervisar, controlar y fiscalizar toda la cadena hidrocarburífera. La ANH también fue usada en el pasado como una “caja chica”, pero específicamente del exministro Juan Ramón Quintana, que hizo y deshizo en esa entidad y que incluso le permitió que acogiera a los “guerreros digitales” del MAS, que, con recursos públicos acosaban a los entonces opositores y difundían información falsa. Como vemos, todo el entramado institucional en hidrocarburos conforma un “monstruo de varias cabezas”, para seguir con el ejemplo anterior.

YPFB atraviesa, nuevamente, por una crisis. Nuevamente, decimos, porque las atravesó constantemente en el gobierno anterior, cuando tuvo ocho presidentes en 14 años. Ahora, en solo seis meses ya ha tenido tres, contando a Richard Botello, que acaba de asumir el cargo.

Finalmente, este jueves se ha concretado la salida de Herland Soliz después de estar varios días en la cuerda floja. Su dimisión ha sido impulsada por el pedido que han realizado dos dirigentes del oficialismo, como son el senador Oscar Ortiz y el candidato a la Vicepresidencia, Samuel Doria Medina.

La gestión de Soliz está afectada por tres escándalos de supuesta corrupción: por un lado, el haber contratado, de manera directa e irregular a la empresa Credinform, por siete millones de dólares. Segundo, por haber autorizado la compra de diésel a 124 dólares el barril, cuando su precio es de entre 30 y 40 dólares. Se importaron 160 millones de dólares con ese sobreprecio, denunció el abogado Otto Richter. Finalmente, Soliz autorizó contratos para la provisión de alimentación para los obreros de YPFB a un precio exorbitante de 416 bolivianos por día, con desayunos valuados en 110 bolivianos. ¿Es que creen que los bolivianos somos imbéciles?

Esta crisis solo puede ser resuelta en dos fases. Primero está la obvia salida de Soliz para colocar allí a un profesional que no ofrezca dudas sobre su comportamiento y capacidad. Ojalá haya una excepción que confirme esta regla de malos servidores en la empresa. Segundo, el gobierno debe repensar la estructura completa del sector: en primer lugar, deben fusionarse nuevamente los dos ministerios, el de Hidrocarburos y el de Energías. Tercero, YPFB tiene que volver a depender de ese Ministerio, lo mismo que la ANH, para que las políticas y decisiones tengan más coherencia y la “línea de mando” sea más lógica. Finalmente, las personas acusadas deben seguir un proceso y ser sancionadas, sin amerita.

 

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