Editorial

Cenetrop, el resumen de nuestra pobreza

lunes, 15 de junio de 2020 · 00:15

El Centro Nacional de Enfermedades Tropicales (Cenetrop) de Santa Cruz es el laboratorio de referencia nacional para procesar muestras de Covid-19. Allá se confirmó el 70% de los más de 18.000 casos de coronavirus que oficialmente existen en el país.

Por ser el primer eslabón de la cadena de atención y por su estratégica ubicación se esperaría que el Cenetrop esté bien dotado de reactivos, de equipos y de personal. Pero, la realidad dice lo contrario, lo que ha derivado en un colapso del laboratorio, que también recibe muestras de Beni y de Pando.

Cenetrop tiene capacidad para procesar 500 muestras diarias, pero está recibiendo alrededor de 1.000, lo que ha derivado en una acumulación de muestras en heladeras y hasta en conservadoras, que se ubican en los pasillos de la institución. 

Ocurre que el Cenetrop sólo tiene dos termocicladores, en los que se procesa esa cantidad de muestras, por lo que se espera desde mayo la llegada de otros dos para aliviar la carga, lo que no ha ocurrido hasta ahora.

El dato de la cantidad de muestras procesadas a diario también es relevante para saber por qué los casos no se disparan aún en el país, pese a todas las proyecciones estadísticas en ese sentido. Sin duda, tiene que ver con la incapacidad de procesar más muestras en Santa Cruz, donde está el centro de la crisis sanitaria. En otros departamentos existen laboratorios, como en La Paz, pero la cantidad de casos es menor. 

Otro de los problemas del Cenetrop es que de los 100 funcionarios con los que cuenta, el 40% está con baja, de los cuales  unos 30 están infectados de coronavirus y otros 10 se replegaron porque tienen enfermedades de base o porque son de edad avanzada. El drama es tal que algunos profesionales llevaron el virus a su casa y contagiaron a sus familiares. Recientemente, por ejemplo, falleció la madre de una médica que trabaja en el Cenetrop.

Que el 30% del personal del laboratorio esté contagiado puede ser señal de que no se estén tomando las adecuadas medidas de bioseguridad o que el personal está tan sobrecargado que ha descuidado su propia protección. De hecho, se sabe que por la gran cantidad de muestras se subió la jornada laboral a 12 horas, pero que  ante los alarmantes contagios entre sus funcionarios  se la redujo a ocho horas.

El asunto de la bioseguridad no es menor. Una funcionaria reveló que en el laboratorio faltan reactivos, equipos y también elementos de bioseguridad y que alguna gente solidaria concurre a donarles una y otra cosa. No puede ser que el principal laboratorio de Bolivia esté recibiendo caridad para suplir sus carencias, en un país que se da el lujo de gastar cinco millones de dólares en la compra de respiradores con sobreprecio y, de paso, inservibles.

Revisando la página de Facebook del Cenetrop, se pueden leer los agradecimientos del laboratorio a quienes donan materiales de bioseguridad o heladeras, como fue el caso de la familia de Samuel Doria Medina, el aliado de la presidenta Jeanine Añez en la carrera electoral. Está muy bien que el candidato vicepresidencial sea solidario, pero lo que se requiere es una política para la dotación de equipos, reactivos y personal a los principales centros de atención del Covid-19.

La pandemia ha generado una serie de necesidades y demandas, todas urgentes e importantes, sin embargo, el equipamiento del centro donde procesan las muestras es urgente.

La gente pasa días y hasta semanas esperando el resultado de su prueba de Covid-19, muchos mueren sin recibir el resultado y los más afortunados se curan con los tratamientos que, ante el colapso de los laboratorios, se está administrando a sola presencia de los síntomas.

Es hora de que el Cenetrop sea dotado de personal, equipos y reactivos para atender de manera adecuada a los enfermos y para tener una idea de cuál es la dimensión de la pandemia en Bolivia. 

Los más de 18.000 casos detectados pueden ser una nimiedad ante lo que realmente está pasando y que no estamos viendo por falta de laboratorios.

 

 

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

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