Editorial

Decreto educativo con sabor a poco

sábado, 20 de junio de 2020 · 00:14

La semana pasada hacíamos en este espacio un repaso de la dramática situación de la educación en el país producto de las medidas para contrarrestar la propagación del coronavirus. A más de tres meses de la suspensión de clases, la situación sigue marcada por el caos y la improvisación.

En Bolivia una minoría de las familias tiene una computadora en casa y acceso permanente a internet. La mayoría depende de la compra de megas para la navegación por celular, pero ya se imagina el lector lo difícil que es hacer tareas usando el pequeño teclado de un teléfono. Además, según Agetic, un tercio de las familias no tiene acceso a internet mediante ninguna vía, ni siquiera a través del celular. La situación es dramática.

El gobierno recién aprobó un Decreto Supremo para intentar poner orden en esta situación cuando se habían cumplido casi tres meses de la suspensión de las actividades escolares. ¡Casi tres meses! Pero el decreto, Nº 4260, es poco más que un listado de definiciones y de buenas intenciones. Lo único que hace, en concreto, es legalizar la educación virtual. Nada más. Pero sí se preocupa de aclarar que no habrá recursos adicionales para la educación este año.

La norma, lamentablemente, no aporta ni recursos ni mecanismos para que los profesores puedan realizar su trabajo a distancia ni establece cargas horarias ni sistema de evaluación ni nada. Por ejemplo, pide a las unidades educativas que creen plataformas en internet, pero no ofrece recursos económicos para ello ni capacitación. Por lo tanto, eso, además de pedir que los maestros se capaciten y de ofrecer que se aliente la producción intelectual de éstos, son solo declaraciones líricas. No se entiende cómo las autoridades demoraron tres meses para hacer un decreto que solo presenta buenos deseos.

En estos tres meses el Ministerio de Educación ha dejado todo el tema a la imaginación y trabajo creativo de los maestros, que se han dado modos para, gastando sus propios recursos, enviar tareas generalmente por WhatsApp a sus alumnos. Obviamente ello es algo muy loable, pero termina siendo insuficiente para conducir un medianamente adecuado proceso de enseñanza-aprendizaje. La realidad de colegios privados, en los que todos los profesores y todos los alumnos tienen wi-fi en sus casas y pueden conectarse en línea es, es minoritaria.

Aunque el Ministerio de Educación se niegue a aceptarlo, este año todos tendrán que aprobar y ser promovidos de curso. No se podrá aplazar a un alumno solo porque su familia no podía comprar megas de navegación en internet. Desde el punto de vista escolar éste será, aun con todo el esfuerzo de padres y profesores, un año perdido.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

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