Editorial

El riesgoso ataque al TSE

domingo, 21 de junio de 2020 · 00:14

Pocas decisiones de la presidenta Jeanine Añez han tenido tanto consenso como el nombramiento de Salvador Romero como vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Luego, los demás vocales, que fueron elegidos por dos tercios de votos del Legislativo, nombraron a Romero como presidente del TSE, lo que también recibió el apoyo de la opinión pública porque se trata del profesional boliviano mejor calificado en el área, tiene amplia experiencia internacional y su ética fue probada cuando dirigió la  Corte Nacional Electoral.

El nuevo TSE quedó conformado, en general, por personas idóneas y respetables, lo que representa una garantía de procesos electorales transparentes, algo que el país no tuvo durante el gobierno del MAS, cuando el poder político manipuló a su antojo a los vocales, al punto de inducirlos a cometer el más grande fraude electoral de la historia reciente del país.

El Órgano Electoral es, sin duda, el que goza de mayor credibilidad en esta coyuntura de transición. No se puede decir lo mismo del Ejecutivo, del Legislativo ni del Judicial, que están sumidos en contradicciones, conflictos y hasta actos delictivos (corrupción).

Por eso, ha llamado la atención que Juntos, el partido que postula a la dupla de Jeanine Añez y Samuel Doria Medina, haya iniciado una estrategia de ataque en contra del TSE y particularmente de Romero. Mediante esta campaña, que ha sido secundada por el partido Creemos, de Luis Fernando Camacho, se ha intentado poner en duda la honorabilidad de Romero al insinuar un contubernio entre él y el  expresidente Evo Morales.

Basaron sus acusaciones en el acuerdo logrado por el TSE con diversos partidos políticos y con el aval de organismos internacionales para convocar a elecciones para el 6 de septiembre. Quedaron al margen de ese acuerdo, por decisión propia, Juntos y Creemos, pero eso no les faculta para  desconocer lo que el resto del sistema político quiere hacer. Para eso están los mecanismos de concertación. ¿Por qué no actuaron en esas instancias antes de desprestigiar la credibilidad del TSE?

Cuando eso no bastó, los impulsores de esta campaña empezaron a presionar al TSE por otros temas, como el voto de los jóvenes, el peso del voto rural y el enjuiciamiento al expresidente Morales por el fraude de octubre.

Lo del voto joven ha sido resuelto con la anunciada apertura de las inscripciones, tres estudios demostraron que el mayor peso del voto rural había sido un mito y el TSE finalmente se sumó a la demanda de fraude electoral, aunque un poco tarde y sin señalar a los presuntos  responsables.

Presionar al TSE para que demande explícitamente a Evo Morales es una jugada para invalidarlo ante el MAS, uno de los partidos en carrera electoral. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Exigir que el TSE inhabilite la sigla del MAS?

Lo que no acaban de entender algunos políticos antievistas es que el MAS sigue existiendo, que representa a una buena parte de la población y que, cualquier transición pacífica pasa por un acuerdo con ese y otros partidos. No pueden pretender que el TSE se ponga en contra de uno de los actores del proceso electoral, porque entonces los resultados solo serán reconocidos por algunos partidos y la crisis política se prolongará indefinidamente.

El Tribunal Electoral debe ser creíble y legítimo para todos, incluso para el MAS, partido que cometió el fraude electoral, o de otra manera se ponen en riesgo las elecciones, la transición y la democracia misma.

Serán el gobierno actual, la Fiscalía y la justicia quienes se encarguen de procesar a los responsables del fraude electoral y de sancionarlos con la dureza que la ley exige. Que el Tribunal tiene entre sus atribuciones ese entuerto jurídico es cierto, pero a veces las decisiones políticas son más importantes para salvar el bien mayor, en este caso, la democracia.

Quienes están en campaña contra el TSE deben entender que un árbitro electoral debe ser equilibrado, mesurado y no alineado con ninguna de las partes en pugna. Caso contrario, se replicará la experiencia de un Tribunal Electoral obediente al gobierno de turno, con las consecuencias nefastas para la democracia del país que ya todos conocemos.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

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