Editorial

La historia del zorro Antonio

sábado, 27 de junio de 2020 · 00:15

Parte del interés de la ciudadanía y de los políticos ha estado en estas últimas semanas en el tratamiento que debería tener el zorro Antonio, un animal silvestre que una familia orureña adoptó cuando era un recién nacido.

Personal de la Alcaldía de Oruro informó en una primera instancia que había recibido el llamado de algunos vecinos preocupados porque veían que un zorro caminaba por los techos de la casa en la que estuvo adoptado. Por ello se rescató al animal y se lo condujo al zoológico de esa ciudad, que sin embargo tiene deficiencias.

En ese momento ingresó en escena la ministra de Medio Ambiente, María Elba Pinckert, quien siguiendo las normas que rigen en el país decidió trasladar al animal al zoológico de La Paz, que ofrece mejores condiciones, de donde debería ser enviado a Senda Verde, un refugio de animales. Finalmente, lo que se buscaba era que el zorro pudiera reinsertarse en su hábitat natural.

Fue allí que las cosas empezaron a complicarse, debido sobre todo a que las quejas de la familia adoptiva generaron solidaridad de los usuarios de redes sociales, que demandaron que Antonio fuera retornado a su “hogar humano”.

La falta de información de esos usuarios los hizo considerar que el zorro iba a estar mejor en un pequeño patio que en un sitio adecuado para la vida de un animal silvestre o reintroducido en su propio hábitat. No consideraban que el Colegio de Biólogos de La Paz alertó que este animal es manso debido a que es joven, pero que ello cambiará en el futuro; que aunque haya crecido rodeado de humanos, conforme vaya llegando a la edad adulta sus instintos sexuales y de caza podrían convertirlo en agresivo, no porque su especie lo sea, sino por el contexto en que se vería obligado a vivir. Los expertos también recalcaron algo que se ha repetido en muchas ocasiones: que los animales silvestres no pueden ser domesticados. 

La ley de Medio Ambiente prohíbe la tenencia de animales silvestres y la Constitución Política del Estado, en su artículo 383, señala que la “tenencia, manejo y tráfico ilegal” de especies silvestres debe ser sancionado penalmente.

Pese a ello, el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, hizo campaña para devolver a Antonio para que viviera entre personas. Primero logró que la ministra Pinckert cambiara de criterio y aceptara que este mamífero volviera a la familia que lo adoptó. Hasta la presidenta Jeanine Añez, seguramente viendo que ello podría darle algo de popularidad, respaldó esa idea.

Esta decisión significó un revés muy fuerte para las personas que luchan contra el tráfico, caza y tenencia de animales silvestres, y demuestra que falta mucho por trabajar en el tema de sensibilización para establecer que la tenencia de animales silvestres es un delito. Por supuesto que la sensibilidad de la población fue tocada ante la vulnerabilidad del pequeño animal y la posibilidad de que, de tener un hogar donde era querido y cuidado, pase a una jaula de zoológico en la que viva enclaustrado. Sin duda que para Antonio o cualquier animal silvestre en cautiverio, lo ideal es volver a su hábitat natural, pero esto se hace difícil cuando el animal pierde en domesticación o encierro sus habilidades para, entre otras cosas, buscarse su propio alimento. Por ello es tan importante que desde el Estado se apoye espacios de reinserción de animales a la vida silvestre, como es el caso de Senda Verde, en los Yungas paceños.

Al final, la familia que lo crió tampoco podrá conservarlo porque el Gobierno le impuso condiciones estrictas, por lo que decidió aceptar que se lo envíe al zoológico de Oruro. Seguramente éste no es el último capítulo de la historia de Antonio porque ese espacio tiene muchas deficiencias.

La historia de este zorro andino pudo ser diferente si unas personas, por superstición u otras razones, no hubieran matado a su madre ni a sus hermanos, sino se hubiera tomado la decisión de adoptarlo y tratarlo como un animal doméstico y si, finalmente, las leyes en cuanto a protección de la vida silvestre en Bolivia se conocieran mejor. 

 
 

 

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