Editorial

Bolsonaro y el virus de la megalomanía

sábado, 11 de julio de 2020 · 00:15

Dos de los cuatro principales negacionistas del Coronavirus, Boris Johnsonn y Jair Bolsonaro, ya han sucumbido a la enfermedad, sólo dos de ellos, Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador (que hace unos días, sin mascarillas de por medio, se reunieron en Washington), se han librado hasta ahora de ella.

Más allá de la ironía, es interesante analizar cómo la conducta de negar la importancia de una pandemia como esta, que golpea a la humanidad entera, no sólo incide en las cifras de infectados, sino principalmente en la desinformación, otro mal tan dañino como el virus.

Ya supimos lo que ocasionó Donald Trump con sus campañas a favor de la hidroxicloroquina y el consumo de detergentes para combatir la Covid 19; lo propio de las declaraciones de AMLO, que llamó a la gente a que se reúna y comparta, mientras él asistía a concentraciones públicas, besando y abrazando a la gente, en el momento en que en su país aumentaba el número de infectados: México ocupa el puesto 14 de número de casos positivos a nivel mundial, superando a países como Rusia. 

El primer ministro británico, Boris Johnson, aseguró el 3 de marzo que no estaba preocupado por darle la mano a la gente y se negó a entrar en cuarentenas de ningún tipo, pero contrajo la enfermedad el 27 de marzo. Después de recuperarse, sin embargo, no se ha vuelto más prudente, y Reino Unido está entre los países de Europa con más contagios y muertos.

Pero, quizás el caso más extremo es el del presidente Jair Bolsonaro, de Brasil, quien confirmó que tiene Covid-19 y sostuvo que ha estado tomando hidroxicloroquina, un remedio que no tiene pruebas científicas. Asimismo, sigue defendiendo el no uso de mascarillas y él mismo, ya enfermo, se quitó la máscara en una conferencia de prensa para responder preguntas de los periodistas (quitarse la máscara en público expone a personas cercanas a un riesgo, incluso si están lejos). 

En otras palabras, ha mantenido una campaña de desinformación sin tregua desde el comienzo de la pandemia. Mientras se pedía distanciamiento social, Jair Bolsonaro salía permanentemente en público y por las calles; llegó a decir que no debería usarse barbijos –y por supuesto que mucha gente le hizo caso- e hizo propaganda por el uso de la hidroxicloroquina como cura, cuando este producto ha sido advertido como riesgoso para la salud. También dijo que la Covid-19, que tiene al mundo paralizado, era solo “una gripecita”, con lo que contribuyó a que no se respete el confinamiento. Finalmente, cuando comenzó a tener síntomas y debía haberse retirado de cualquier actividad cara a cara, viajó por el país, fue a la embajada estadounidense, llevó a ministros, militares y civiles para esta celebración, y abrazó al embajador de EEUU. 

Bolsonaro no reflexiona ni reconoce sus errores, aún en contra de toda evidencia objetiva y científica. En ningún momento –al igual que sus pares en EEUU, México y Reino Unido- entendió su papel como presidente en esta crisis, cuál es la fortaleza del ejemplo y el papel de la representación

Brasil es el segundo país del mundo con más casos registrado de coronavirus, y algunos expertos en salud advierten que la cifra puede ser mayor porque hay un evidente subregistro. El caso es que Brasil ha dejado de adoptar algunas de las únicas medidas que por ahora son profilácticas contra este mal: el distanciamiento social, el confinamiento, el uso de mascarillas… A pesar de las medidas que los gobernadores de algunos estados del país decidieron tomar, la palabra y las acciones del Presidente sólo crearon desacuerdo, confusión y desinformación, lo que ayudó a que la enfermedad se disperse.

Más allá de las lecturas políticas y sanitarias, la (mala) lección que dan estos gobernantes es la de la falta de solidaridad. De la forma en que cada persona se cuida y se protege, depende no sólo el propio bienestar sino el de los demás. Como se ve, el ego y la megalomanía no reconocen ideología y, como el virus de moda, atacan a todos por igual.

 

 

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

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