Editorial

Abuso sexual infantil durante la pandemia

domingo, 19 de julio de 2020 · 00:14

Entre todas las carencias y riesgos que han tenido que afrontar los niños y niñas durante esta larga y tortuosa pandemia, la más dolorosa de todas ha sido la violencia sexual.

La semana pasada, la sociedad se vio consternada con el caso de Esther, una niña violada y asesinada por un vecino suyo en El Alto. Esther, de nueve años, ya había sufrido abuso sexual con anterioridad. Su madre, comerciante, dejaba a Esther cuidando a su hermano mientras salía en busca de sustento.

Pocos días después, se conoció el caso de otra niña en Santa Cruz, que fue víctima de una violación de parte de un hombre adulto y de abusos cometidos por dos adolescentes familiares de éste. Su padre también salía en busca de sustento y su desprotección fue aprovechada por sus agresores.

También en Santa Cruz, un adolescente de 14 años fue violado por dos individuos, uno de los cuales tiene VIH sida. De hecho, la capital cruceña tiene los mayores índices de abuso sexual a menores y embarazos infantiles.

Y la lista sigue. En menos de un mes y medio, los últimos de esta cuarentena, la Fiscalía hizo públicas 21 historias de violaciones a menores de edad e infanticidios, en los cuales familiares y vecinos aparecen como los principales agresores. Si se amplía el periodo de tiempo, las cifran golpean aún más: desde el 21 de marzo, inicio de la cuarentena en el país, la Defensoría de El Alto atendió 373 casos de violencia contra niños, niñas y adolescentes, de los cuales 28 son de violencia sexual.

Los casos denunciados de violencia sexual y los infanticidios no son los únicos que se registran, de enero a mayo se reportaron 663 embarazos en niñas menores de 14 años en Bolivia. Es decir, que en plena pandemia, se contabilizan cuatro casos de embarazos por día, que por la edad, son considerados producto de la violencia sexual. Estos datos, una vez más, pueden ser más elevados debido al subregistro, ya que existen dificultades para hacer denuncias y acceder a los servicios de salud que elaboran los reportes.

Son definitivamente cifras dolorosas y dramáticas, que nos hablan del estado de desprotección de niños, niñas y adolescentes y de la arraigada cultura del abuso de sus derechos por parte, sobre todo, de las personas de su entorno. Más aún, los peores instintos de criminalidad y perversión se han visto alentados por el encierro sin que haya nada para detenerlos. Es también un signo de descomposición social, de desintegración familiar, pues el hogar es todo menos un lugar de protección y refugio para los niños. Estos niños y niñas que, generalmente cargan con una pobreza estructural, se ven en este periodo de pandemia, obligados a convivir con sus agresores y son solamente los casos más impactantes los que salen a la luz. Si sus familias no pueden ser un espacio de seguridad, los servicios que el Estado dispone tampoco, pues no tienen ni la información  ni el acceso a denunciar los abusos de los que son objeto.

A tal extremo ha llegado la situación en Bolivia durante la pandemia del coronavirus, que el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) pronostica que se produzca un “baby boom” a finales de año o inicios del próximo por la cantidad de niñas y adolescentes embarazadas producto del abuso. El riesgo, además, es un incremento en embarazos no deseados, abortos inseguros, complicaciones durante la gestación, sin mencionar el probable aumento de la mortalidad materna. No podemos, como sociedad, ser testigos silentes de este drama: niños asesinados, abusados, niñas madres prematuramente; víctimas todas y todos de sus propios entornos. Las leyes son claras en estos casos, pero el acceso a la justicia no lo es y el país -las autoridades y la sociedad en su conjunto- tiene que encontrar el modo de asistir a esta población vulnerable como ninguna y detener esta masacre. La pandemia está provocando estragos sociales y económicos… Pero, además de las víctimas del virus, está cobrando la vida de centenares de niños y niñas, vidas irrecuperables en muchos sentidos que representan una enorme derrota para el país.

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