Editorial

Irresponsable estímulo a la conflictividad

miércoles, 29 de julio de 2020 · 00:15

Bolivia vive una triple crisis: la política que se arrastra desde octubre pasado, luego de las fallidas elecciones que derivaron una turbulencia de grandes proporciones; la sanitaria, emergente de la pandemia del coronavirus; y la económica, también producto de la pandemia.

Es en medio de estas crisis que se desarrolla el actual proceso electoral; sin duda el más complejo desde la recuperación de la democracia. Es decir, a las consecuencias y fracturas derivadas del fraude electoral, posterior renuncia y salida del país del mandatario boliviano Evo Morales (que gobernó 14 años), se sumó la debacle del ente electoral, acosado por denuncias de sometimiento al poder político y delitos electorales. Pero, como si esto no fuese suficiente, además de levantar una arquitectura institucional de emergencia, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha tenido que afrontar y negociar tres postergaciones de la fecha de los comicios.

Inicialmente, el Gobierno de transición convocó a elecciones para el 3 de mayo. A raíz de la pandemia esta fecha se ha visto modificada en tres oportunidades. Primero, para el 2 de agosto; luego, en acuerdo con los partidos para el 6 de septiembre y hace unos días, el TSE -en vista de que la pandemia se encuentra en su fase más alta en el país y haciendo uso de sus prerrogativas constitucionales- anunció una nueva postergación para el 18 de octubre venidero.

Esta decisión, que el TSE ha anunciado como definitiva puesto que el cambio de autoridades nacionales debe realizarse en el curso de la presente gestión, ha derivado en un nuevo foco de conflictividad y polarización que podría entenderse en el marco de una campaña por votos, pero es inaceptable en un ambiente de emergencia sanitaria como la que vive el país. 

Ayer,  La Paz, que es la ciudad que en estos días se encuentra con el mayor registro de infectados por la Covid 19 y está considerando retornar a un confinamiento estricto dado el colapso hospitalario y de insumos farmacéuticos, se ha visto colmada por masivas marchas organizadas por el MAS y su Pacto de Unidad, además de la COB. El motivo de la movilización, a la cual acudieron manifestantes de otros departamentos y regiones del país, es la negativa a la postergación de los comicios. Miles de personas marcharon en La Paz y El Alto, portaron banderas, quemaron muñecos con la imagen de la Presidenta y gritaron estribillos, pero pocos portaban barbijos y obviamente no mantuvieron ningún distanciamiento social. Luego, se realizó un cabildo en el que se anunció una huelga general indefinida y se advirtieron bloqueos de caminos desde el 3 de agosto próximo. No faltó el exaltado que impidiera el paso de una ambulancia e incluso intentara destruir el vehículo.

Según los dirigentes del MAS y de la COB,  el problema del país no es el coronavirus sino el prorroguismo, y hay que realizar elecciones aunque se nos vaya la vida en ello (literalmente). Es decir, mientras el mundo se encuentra  paralizado y trastocado, intentando controlar la expansión de este virus, para algunas facciones políticas como el MAS, todo se reduce a estas prioridades. 

Como ya hemos comentado en este espacio, es lamentable ver cómo los radicalismos de ambos lados se imponen en aras de incrementar la conflictividad y la zozobra para el resto del país. El MAS que quiere usar sus efectivos métodos de presión para imponer su voluntad de tener elección en poco más de un mes y algunos partidos de extrema derecha y comités cívicos que proponen otro desastre: la postergación indefinida del acto electoral.

Es desolador ver cómo el interés político particular pretende someter a una ciudadanía inerme, que tiene que buscar por medios propios salir adelante en esta dura pandemia que no sólo la diezma, sino la asfixia económicamente. Para los actores políticos bolivianos, cualquier extremo es posible antes de pensar en el bien común o aceptar un acuerdo. La polarización siempre cosecha en estos tiempos y con ella, los actores que la alientan y viven de ella. 

Así, marchas y cabildos de por medio, sólo nos queda esperar los resultados de estas desaprensivas decisiones políticas, y esperar que el saldo no sea un mayor incremento en las cifras de enfermos y muertos por coronavirus. ¡Y pensar que lo hacen en el nombre del pueblo y de la vida!
 

 

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

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