Editorial

En Cochabamba se enfrentan los extremos

miércoles, 8 de julio de 2020 · 00:15

La situación en la ciudad de Cochabamba es de extrema preocupación. Las protestas de los vecinos de K’ara K’ara han generado bloqueos que impiden el normal ingreso de los camiones basureros al botadero de la ciudad, que se encuentra precisamente allí. Los habitantes de esa zona, en el extremo Sur de la capital de Cochabamba, han secuestrado policías, detonado artefactos explosivos, impedido el paso de ambulancias y atacado a vehículos. Los pedidos de sus líderes son en parte políticos, como exigir la renuncia de la presidenta Jeanine Añez y el respeto a los derechos de exdirigentes masistas; pero, también, los vecinos piden el cierre definitivo del botadero, porque emana malos olores y causa problemas a la salud. 

Esta última demanda es de larga data, viene al menos de inicios de este siglo, coincidiendo prácticamente con la fecha en que fue instalado el relleno sanitario. Los vecinos de K’ara K’ara han exigido ya al gobierno de Evo Morales con bloqueos y marchas, que se traslade dicho botadero ante la contaminación que causa y que afecta a la calidad de vida de los habitantes –dicho sea de paso, la mayoría son familias de escasos recursos-.

Con todo, la ciudad no tiene un lugar alternativo, por el momento, para trasladar el botadero. Las autoridades municipales deberían tener éste como principal tema de preocupación, más que la construcción de onerosos puentes o parques con aguas danzantes, pero después de casi 20 años y con conflictos permanentes a raíz de ello  no han analizado alternativas para su traslado.

Pero, este no es el único foco de conflicto en K’ara K’ara. La presencia de dirigentes políticos  afines al MAS no ha hecho otra cosa que complicar la situación. Recientemente, un grupo de supuestos “autoconvocados” (para dar la idea de que no pertenecen al MAS) ha chocado contra la Policía, provocando heridos y daños a la propiedad. Tanta ha sido la tensión que la oficina de NNUU en Bolivia ha emitido un comunicado  en el que demandó a las partes a deponer sus posiciones radicales.

Lamentablemente, las acciones de estos vecinos han generado la reacción de otro grupo denominado Resistencia Juvenil Cochala. Sus integrantes son tan irracionales y extremistas como quienes protestan en K’ara K’ara. Lo único que los diferencia es la ideología, ya que los miembros de la Resistencia son de derecha y los vecinos de K’ara K’ara son afines al MAS o al menos están siendo manipulados por dirigentes inescrupulosos que anteponen la política a la emergencia que vive la zona en plena pandemia. Por lo demás, ambas fracciones usan la violencia para intentar hacer valer sus demandas, son manipulados políticamente y sus demandas son grandilocuentes.

En los últimos días los activistas de la Resistencia Cochala, que se transportan en motocicletas, atacaron la casa de la gobernadora de Cochabamba, Esther Soria (MAS), y la Alcaldía, que está dirigida por José María Leyes, un dirigente que pertenece al actual oficialismo y que es militante de Demócratas. Leyes denunció que quien está detrás de esos ataques es el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, un enemigo declarado de Leyes. La aseveración de Leyes no es descabellada si se considera que los “pandilleros”, como él los llama, de la Resistencia Cochala, pueden movilizarse en sus motos por toda la ciudad pese a que la circulación vehicular está restringida debido a la cuarentena. ¿Quién les permite usar sus motos y blandir sus bates de béisbol cuando el resto de los automovilistas no pueden salir de sus casas?

Lo que menos necesita la ciudad de Cochabamba, que por otra parte ha crecido en su número de infectados y muertos por el coronavirus y que enfrenta colapso sanitario y funerario, es que crezca o se alimente la tensión en la zona de K’ara K’ara. Suficiente tienen también los vecinos de la misma, que sufren la contaminación de un  relleno sanitario de dos décadas y la amenaza de la pandemia. Los dirigentes masistas y sus opositores de la denominada Resistencia  debieran encontrar mejor lugar para hacer valer su  fuerza política y pensar en la vida de los ciudadanos.
 

 

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