Editorial

Los violentos están en los dos bandos

martes, 11 de agosto de 2020 · 00:15

Los violentos de ambos bandos no desean elecciones. Tienen la misma mentalidad autoritaria y antidemocrática, que se demuestra en sus acciones y declaraciones. El problema empezó cuando las organizaciones sociales del MAS se opusieron a la postergación de la fecha de los comicios por seis semanas, del 6 de septiembre al 18 de octubre. Y comenzaron a desarrollar una ola de protestas violentas e irracionales, incluidas el hecho de dinamitar cerros para provocar bloqueos de caminos. La conclusión más seria de ello fue que no se dejó pasar a camiones con oxígeno para los hospitales. Por lo menos 31 muertes se produjeron por esa causa.

En parte el Gobierno tuvo responsabilidad en esta situación, en el siguiente sentido: sus críticas permanentes al TSE y su falta de compromiso con aceptar el 18 de octubre como fecha, debilitó al organismo electoral. Recién el 6 de agosto se escuchó decir a la presidenta Jeanine Añez que aceptaba, sin miramientos, esa fecha, pero volvió, incomprensiblemente, a acusar al TSE. Es la politiquería irresponsable.

Las irracionalidades del MAS han provocado la reacción de sus extremos opuestos, es decir algunos líderes de derecha que tratan, a toda costa, de descarrilar el proceso electoral, como si eso fuera conveniente para ellos políticamente. Es difícil encontrar una lógica en la que creer que posponer las elecciones  conviene al conjunto de la sociedad, precisamente cuando los grupos de presión masistas están en pie de guerra por sólo seis semanas de postergación.

Entre varios de los líderes contrarios al MAS que han demostrado su falta de espíritu democrático está el fundador de Creemos  Luis Fernando Camacho, que ha terminado siendo lo que se temía de él: un dirigente que no mide sus acciones y que, mientras crea que puede ayudarle políticamente, llama a generar más violencia, no a aplacarla. Ha emitido un comunicado y divulgado un video en el que  convoca a ciudadanos a enfrentarse a los manifestantes afines al MAS.

Eso mismo hizo Evo Morales en octubre y noviembre de 2019, provocando un baño de sangre: lanzar a sus seguidores a enfrentar a los que entonces bloqueaban, los denominados “pititas”. Ese llamado de Morales, destinado a un enfrentamiento fratricida, causó dolor y muerte. Ahora le tocó a Camacho tomar esa misma acción, que él antes criticó: buscar que civiles se enfrenten a otros civiles. Habría que recordarle que para dispersar bloqueos están la Policía y los fiscales, y que no se debe tomar la ley en mano propia, como hacen sus adversarios.

Los dos extremos del espectro político son como dos caras de la misma moneda.
 

 

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