Editorial

Morir sin dignidad

domingo, 2 de agosto de 2020 · 00:14

En tiempos de pandemia se ha vuelto un vía crucis enterrar a los muertos. Al dolor de perder a un familiar, hay que sumarle también el dolor de no poder inhumarlo con dignidad.

La crisis funeraria, derivada de la crisis sanitaria, que en primera instancia se había presentado en Cochabamba, ha empezado a golpear con fuerza también a La Paz, El Alto y a Oruro.

En La Paz, los familiares deben esperar días, a veces hasta una semana, para enterrar los restos de un ser querido y se ven obligados a convivir con el cuerpo en la casa. Conseguir un certificado de defunción, una funeraria o un crematorio se ha convertido en una misión casi imposible. Y no estamos hablando sólo de personas fallecidas con Covid-19, sino de gente que perdió la vida con otro tipo de dolencias.

Y los precios son otra historia. Se cobran montos exorbitantes por poner el cadáver en una bolsa, introducirlo en un ataúd y luego llevarlo al cementerio o al horno crematorio. Los velatorios prácticamente se han extinguido o si se realizan duran apenas unas pocas horas con pocos dolientes.

La Policía se queja porque dice que sus efectivos también están contagiados y que por eso no tiene el suficiente personal para acudir al levantamiento de cadáveres a requerimiento de los deudos. Por otro lado, denuncia que no recibe apoyo de otras autoridades para hacer un trabajo coordinado.

Según datos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), en los últimos días se han recogido más de 60 cadáveres en sólo 24 horas en el territorio nacional, y en La Paz en tres días se levantaron más de 90 cuerpos, lo que hace un promedio de 30 por día. Estos números se refieren a personas fallecidas en la calle o en las casas, no así en los centros médicos, donde las morgues también han colapsado.

Hace días, fue impactante ver más de media docena de cadáveres en el patio del Hospital Obrero de La Paz en camillas, mientras que en el Hospital de Clínicas se tuvo que habilitar una morgue “transitoria” para depositar a los cuerpos muertos por Covid-19.

En Oruro la situación fue también dramática. De pronto desaparecieron unos 30 cadáveres del Hospital Obrero y los responsables informaron que por órdenes superiores los enterraron en una fosa común porque ya estaban en estado de descomposición. Finalmente, se instaló un cementerio Covid, donde son llevados los cuerpos que perecieron por coronavirus.

Todos estos datos muestran que, en el sistema funerario, igual que en el sanitario, las autoridades no tomaron las suficientes previsiones y que, a medida que la crisis explota, se van encontrando “soluciones” que dañan la dignidad humana, incluso a la hora de la muerte.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

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