Editorial

La vida de Evo Morales en Argentina

lunes, 14 de septiembre de 2020 · 00:15

En Bolivia solemos pensar que Evo Morales es un huésped incómodo para Argentina, por las acusaciones de las que es objeto o porque viola reglas internacionales de asilo al hacer política activa desde ese país.  Pero, una reciente crónica de los periodistas Raúl Peñaranda y Rafael Archondo, que analizó 94 páginas de mensajes de WhatsApp de la joven que se señala como presunta pareja del expresidente, reveló que éste lleva una vida de lujos y dispendios, que tiene guardia de seguridad permanente -pues teme por su vida- y que pasa todo menos necesidades en su refugio en Argentina. Lo que quiere decir que cuenta, no sólo con la venia, sino hasta con el apoyo -posiblemente financiero- del Gobierno argentino para ello.

Según lo que este reporte detectó, Morales tiene un equipo de al menos 12 personas a su servicio en ese país, como secretarias, chofer, cocineras y hasta fotógrafo. Sin mencionar sus asesores y colaboradores políticos que dada su incesante actividad de control y dirección de su partido desde su refugio, deben tener arduo trabajo. 

La pregunta que surge entonces es qué entidad financia ese personal, además del gasto de gasolina, alimentos y de alquiler de la cómoda vivienda que usa el exmandatario en el elegante barrio de Liniers, en la provincia de Buenos Aires.

Hasta ahora las autoridades argentinas no han aclarado en qué condiciones se le ha entregado esa casa a Morales ni si el Ejecutivo de ese país tiene algo que ver con el financiamiento de un equipo tan grande de personal de servicio. Se podría presumir también que el Partido Peronista, que sostiene al presidente Alberto Fernández, esté involucrado en la subvención de los gastos en los que incurre Morales. La otra opción es que sea el expresidente el que use sus propios recursos para enfrentar esos gastos. 

Evo Morales, quien fuera cultor de la “austeridad” de las autoridades del Estado, al punto que redujo el salario de sus ministros y de sí mismo al inicio de su mandato, se acostumbró en los largos años en el poder  a tener una vida suntuosa, llena de dispendios y muy costosa para las arcas públicas. Por ello y como parte del culto a la personalidad, que fue su marca, hizo construir lujosas residencias, un museo en su nombre, aviones, autos y helicópteros, que sería parte de una normalidad de una primera autoridad de Estado si no fuera por la pobreza que aún caracteriza a este país y la opacidad que siempre imperó en torno a sus gastos personales en su mandato. Ahora, ya lejos del poder, la pregunta es cómo un presidente, cuyos abogados dicen que tiene una “vivienda precaria”, financia una costosa estadía en un país vecino. Como sea, en aras de la transparencia, este tema debe ser aclarado.
 

 

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