Editorial

Inacción frente al coronavirus

domingo, 10 de enero de 2021 · 00:15

Los científicos vienen advirtiendo desde hace meses que se produciría una segunda ola de contagios del coronavirus. Ello se demostró trágicamente  primero en Europa, donde  la segunda ola ha sido devastadora. Desde que comenzó la pandemia del nuevo coronavirus, en Europa han fallecido 568 mil personas. La mayoría de esos fallecimientos han tenido lugar en los últimos dos meses; en concreto, desde el comienzo de noviembre.

En América Latina la segunda ola se muestra incluso más feroz que la anterior, especialmente en Bolivia, donde la cantidad de casos confirmados este jueves rozó los 2.000, una cifra próxima a la alcanzada en la peor época del pasado año. Tras un periodo de aparente meseta de la pandemia, enero ha traído un incremento apreciable de casos en varios países, especialmente a partir de las fechas decembrinas.

Es una crónica anunciada. Sin embargo, las autoridades del gobierno nacional, que ya ha cumplido dos meses en funciones, parecían no saber aquello. No tomaron ninguna decisión para intentar reducir la intensidad del problema y simplemente esperaron a que las cosas sucedieran. Es más, a pesar de que la amenaza se cernía oscuramente, el Gobierno optó a finales de noviembre por el Decreto Supremo 4404 que determinó la apertura y reactivación de las actividades culturales, religiosas, deportivas, políticas y recreativas, que estaban paralizadas desde marzo para contener la propagación del coronavirus. Las principales regiones del país se opusieron a esta medida, y advirtieron de un inminente incremento de casos de Covid-19 a partir de enero y un rebrote cuyo resultado sea igual a o peor al de la primera ola. Tal cual.

El Gobierno pidió a la población mantener las medidas de bioseguridad, pero  esto no está siendo respetado y los resultados son claros: hay una crecida exponencial y no parece haber un plan serio de parte de las autoridades nacionales para enfrentar la situación.

Seguramente alarmado ante la difícil situación de la economía, el Gobierno duda en tomar decisiones clave, como establecer otra vez una cuarentena rígida o imponer algunas restricciones. Pero, tampoco hace mucho más: casi a los dos meses de haber llegado al poder firmó un polémico contrato de compra de vacunas rusas y dijo, como si fuera un éxito, que 6.000 dosis llegarán a fines de enero. Eso es poco más del 0,1% prometido.

Otro de los asuntos cruciales es que gran parte del personal de salud contratado de emergencia por municipios y gobernaciones ha concluido sus gestiones a fines de diciembre. Los gobiernos subnacionales se quejaron de que el gobierno central les daba escasa ayuda para normalizar esa situación. Ante ello, el presidente Luis Arce señaló que los gobiernos subnacionales tienen 274 millones de bolivianos  para ese objetivo. 

No es asertivo ni ayuda mucho a la población en medio de esta crisis negar la responsabilidad y echarle en cara a los otros que no están haciendo lo que deben hacer. No es suficiente decir “los municipios tienen dinero”, sino trabajar junto con  ellos para encontrar soluciones. El Presidente no toma en cuenta que en los 14 años de gobierno del MAS se complejizaron los trámites para gastos de municipios y gobernaciones en tal grado, que usar esos recursos ágilmente es engorroso. 

En general se nota en el Gobierno una sensación de inacción y pasividad. Así como en el plano económico no se toman medidas que ayuden a la reactivación ni alienten a los privados a salir de la crisis en la que se encuentra (ese sector provee el 95% de los empleos del país), tampoco en el campo de salud se ve alguna decisión definitiva y tranquilizadora. 

Debido al hecho de que se registran con frecuencia más de 1.000 casos de Covid-19 al día, los hospitales están otra vez llenos, las escasas unidades de terapia intensiva, colapsadas y el personal de salud, agotado. No hay suficientes medicinas ni equipos de bioseguridad para médicos y enfermeras, para no hablar de respiradores. Es como si el país hubiera vuelto a seis meses atrás sin que nadie hubiera aprendido nada.

 

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