Editorial

Sobre el derecho de las mujeres a abortar

martes, 5 de enero de 2021 · 00:15

El Senado argentino aprobó esta semana la propuesta de legalizar el aborto en las primeras 14 semanas de embarazo. En 2018 una propuesta similar llegó hasta el Senado, pero entonces la mayoría de la Cámara Alta votó en contra, inhabilitando así un proyecto que había sido mayoritariamente apoyado en la Cámara de Diputados. En la región sólo Uruguay, Cuba, Guyana, Guayana Francesa, Puerto Rico y algunas zonas de México permiten un aborto legal. El aborto ilegal mata en Bolivia a unas 150 mujeres al año, más que la totalidad de los feminicidios. Se trata de un tema de salud pública.

El aborto no es la mejor solución para los casos de embarazos no deseados. La verdadera solución es que las parejas, pero especialmente las mujeres, accedan a sistemas anticonceptivos. Estos deberían ser entregados libre y gratuitamente por el sistema de salud pública. Pero, para que las personas usen estos métodos, deben tener acceso a información, transparente y objetiva sobre su sexualidad. Hasta ahora el Estado ha hecho, históricamente, un pésimo trabajo en la tarea de dar educación sexual a los y las estudiantes de colegio, por ejemplo, para no hablar del resto de la población. La estigmatización del abordaje del tema y el tabú religioso sólo han empeorado la situación.

Con todo, como decimos, la mejor vía para evitar un embarazo no deseado es el uso de sistemas de anticoncepción. Pero, sin duda, estos siempre serán insuficientes y es allí donde la mujer debe tener derecho a decidir sobre su cuerpo. Y, por lo tanto, la interrupción del embarazo debe ser despenalizada de manera completa. Bolivia es uno de los países que más causales acepta para realizar un aborto legal en la región, pero el marco general es de prohibición. 

En cualquier caso, la lucha de las mujeres argentinas en pos de la despenalización y la legalización del aborto hasta las 14 semanas es una verdadera conquista para la región. En una simple pesquisa informativa sobre la situación de la salud reproductiva en Argentina, se encuentran los siguientes datos: “Un estudio encargado por el Ministerio de Salud en 2005 y conducido por las demógrafas Edith Pantelides y Silvia Mario concluyó que se producen anualmente entre 370 mil y 520 mil abortos inducidos legales y no legales, en una población de 45 millones de habitantes. En 2016 un informe de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud, dependiente del Ministerio de Salud, arrojó la cifra de 43 muertes de mujeres en ese año debido a todos los tipos de aborto, siendo la principal causa de mortalidad materna en ese país según funcionarios y distintos medios.  Según Adolfo Rubinstein, exministro de Salud de Mauricio Macri, la primera causa de muerte materna en Argentina es el aborto y anualmente se registran 50.000 internaciones en establecimientos públicos por abortos clandestinos” (fuente Wikipedia).

Estos datos son iguales o peores en Bolivia. Por ello, celebrar esta ley implica reflexionar y entender que los abortos se practican con o sin ley. La sustancial diferencia es que con leyes como la aprobada en Argentina, el aborto deja de ser una práctica clandestina que pone en riesgo a las mujeres, especialmente las que tienen peores condiciones socioeconómicas y educativas; y deja también de ser un lucrativo negocio para clínicas o para algunos médicos. El aborto es y será un tema polémico, pero es -reiteramos- un asunto de salud pública por encima de todas las otras consideraciones políticas, religiosas o ideológicas. Despenalizar o legalizar el aborto no significa que las mujeres van a hacer de este una práctica predilecta o un método anticonceptivo; se debe entender que para ninguna mujer el aborto es una opción fácil o sin importancia: no es un gusto ni un placer abortar.

La ley que acaba de aprobarse en Argentina y que esperemos abra un sano debate en Bolivia y otros países, no anula que el fin último es pelear por una educación sexual integral que ayude a tener otra concepción del cuerpo de las mujeres y de las relaciones sexuales. Sin embargo, antes de ello esta práctica tendría que despenalizarse.

 

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