Editorial

Son niñas, no deben ser madres

martes, 26 de octubre de 2021 · 05:15

Son niñas, no deben ser madres. Esa frase resume una tendencia mundial para hacer valer los derechos de las niñas que fueron violadas y que resultaron embarazadas producto de la agresión sexual. Ellas, en el caso de Bolivia, tienen derecho a la interrupción legal del embarazo, según establece la sentencia constitucional 206/2014. Pese a ese mandato, aún existe personal de salud que se niega a cumplir la norma, que filtra la información a los medios para que se convierta en un escándalo y que permite que grupos religiosos contrarios al aborto legal ejerzan presión sobre las víctimas y sobre sus familiares.

Eso es lo que ocurrió el último fin de semana en Santa Cruz, donde una niña de 11 años que fue violada y embarazada por un hombre de 61 años, decidió de forma voluntaria someterse a la interrupción legal del embarazo. La familia la acompañaba en esa decisión hasta que, tardanza de por medio, la información saltó a los medios con ribetes de escándalo, intervino la Iglesia Católica para una supuesta defensa de las dos vidas, los mal llamados provida ingresaron a la maternidad a presionar a la familia hasta que, supuestamente, la madre dio marcha atrás y decidió que la niña continúe con el embarazo.

La vida de esa pequeña niña ha sido destruida por el hombre que la violó, pero también por todos aquellos que la están obligando a ser madre, contra su voluntad, entre los que se incluye al personal de salud, a los jerarcas de la Iglesia Católica y al Estado que es incapaz de hacer cumplir una norma.

Según la directora de la Defensoría del Menor, Silvia Suazo, “la niña rechaza al bebé. Es más, ni siquiera se atreve a decir bebé. Ella quiere estudiar y seguir con su vida, tiene mucho miedo y está nerviosa”. Esa declaración, que fue recogida por El Deber, obviamente es anterior a la decisión de continuar con el embarazo.

Según datos del Sistema Nacional de Información en Salud (SNIS-VE), de enero a mayo del año pasado, se registraron 663 embarazos en niñas menores de 14 años, todos ellos producto de violaciones porque en menores de edad no pueden existir relaciones consentidas, noviazgos o matrimonios de ningún tipo. Sencillamente son abusos sexuales.

Esta cifra indica que, en promedio, en Bolivia se registran cuatro embarazos de niñas cada día. Un verdadero drama ante el que la sociedad y el Estado no pueden taparse los ojos.

Si las niñas y sus familias deciden optar por la interrupción del embarazo, las autoridades deberían garantizar ese derecho, sin trampas, sin zancadillas, sin doble moral. Las niñas tienen derecho a disfrutar de su inocencia, tienen derecho a estudiar, a vivir una vida libre de violencia. Las niñas no deben ser madres.

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