Editorial

Respeto al trabajo de los periodistas

lunes, 22 de noviembre de 2021 · 05:15

La cobertura de conflictos sociales siempre implicó un riesgo para los periodistas bolivianos, ya que, en su afán de llevar la noticia de la mejor manera a sus audiencias, tenían que moverse en medio de los sectores movilizados y las fuerzas del orden. Eso hasta que el MAS decidió sacar a las calles a sus grupos de choque para neutralizar las protestas contra el gobierno.

Ahora los periodistas no solamente deben cuidarse del cruce de gases lacrimógenos, balines, piedras y cachorros de dinamita, sino además de estas milicias civiles que operan encubiertas en el discurso de que defienden el derecho al trabajo y que últimamente se han dado a la tarea de atacar a los que no están alineados con el discurso oficialista.

Eso ocurrió, por ejemplo, el último miércoles, cuando una periodista de una red televisiva nacional y su camarógrafo sufrieron un violento ataque por parte de una mujer que se movilizaba con estos grupos de choque, que habían salido a las calles del centro de La Paz para impedir el paso de una marcha convocada por la Asamblea de la Paceñidad.

“¡Prensa pitita! ¡Prensa golpista! ¡Prensa asesina!”, gritaba la mujer, dejando en claro su filiación política. Luego atacó con un palo al camarógrafo que filmaba la movilización y, al percatarse de que la periodista intentaba registrar la agresión con su teléfono celular, le arrebató el equipo.

Otro ataque ocurrió en Potosí una semana antes, cuando, en medio de la cobertura de las movilizaciones por la Ley 1386, el periodista Dilver Soria recibió el impacto de un petardo en la espalda. Luego del hecho declaró que el explosivo estaba “acondicionado para hacer daño”, mientras el presidente de la Asociación de Periodistas, Manuel Soux, recordó: “(Decían) que la prensa es pitita, que la prensa es vendida y que por nuestra culpa se han dado los hechos de 2019”.

No fue el único ataque a la prensa en esa urbe. El presidente de la Asamblea Departamental, Marcial Ayali Villa, acusó a los periodistas de golpistas cuando fue descubierto, encapuchado y con un látigo en mano, conduciendo a los grupos que llegaron del área rural para despejar los bloqueos del área urbana, alegando que les impedían el trabajo.

Antes de eso, siete periodistas fueron encañonados y golpeados por un grupo identificado como parte de los interculturales en el municipio de Guarayos. Y, en Oruro, el ejecutivo de los trabajadores de la prensa fue agredido por la Policía durante una marcha.

La situación es preocupante y por ello la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha pedido al Estado que garantice el trabajo de la prensa, a lo que podría contribuir una instrucción del oficialismo para que sus grupos de choque respeten la labor de los periodistas. Y, si el mensaje llega a algunos de sus jerarcas, mucho mejor.

 

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