Editorial

¿Debemos pagar la cuenta de los no vacunados?

martes, 23 de noviembre de 2021 · 05:15

Bolivia ya está cursando la cuarta ola de Covid-19 con más de 1.000 casos sostenidos cada día, aunque no se puede hablar de un descontrol de la pandemia en esta nueva etapa, al menos no por ahora. Lo que sí debería preocuparnos es que las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) están copadas o a punto de llenarse en las ciudades del eje central del país con pacientes críticos que no fueron vacunados.

Los médicos encargados de esas salas, basados en los informes entregados por los familiares, comentan que muchos son pacientes que rechazaron la vacuna por sus creencias o convicciones. También informaron que los cuidados intensivos   cuestan al Estado entre 10.000 y 15.000  bolivianos al día y, tomando en cuenta que en promedio un paciente se queda 15 días en una de esas salas, la cuenta puede llegar a 225 mil bolivianos, dinero que pagamos todos, vacunados o no vacunados, a través de nuestros impuestos.

La salud es un derecho de todos los bolivianos y, bajo ese argumento, a nadie debería negársele la atención en un hospital público;   sin embargo, a estas alturas ya resulta inconveniente que una parte de la población rechace la vacuna contra la Covid-19. Ya no se puede hablar de falta de acceso a los inmunizantes porque en Bolivia hay de sobra, a tal punto que un lote de vacunas AstraZeneca y otro de Janssen ya se vencieron y no podrán ser utilizadas por nadie.

¿Si una persona no quiere vacunarse, es justo que luego sature las UTI y que pase la cuenta al Estado? En algunos países ya se ha abierto el debate sobre quién debería pagar los costos de esos pacientes que, de manera autónoma, tomaron la decisión de no vacunarse. Singapur,, por ejemplo, ya tomó la decisión de que cada paciente cubra sus propios gastos en salud si no se vacunó. En otros países se analiza la imposición de primas más altas para los seguros médicos en caso de pacientes no inmunizados.

Estamos de acuerdo con que no se puede obligar a nadie a vacunarse, pero también debemos ser conscientes que los no vacunados ya representan un problema para el resto de la sociedad, porque sin la vacunación de ellos será casi imposible lograr la ansiada inmunidad de rebaño y ahora también por las cuentas del sistema de salud.

Hasta la fecha el país apenas ha superado el 50%  de su población vacunada con el esquema completo y, ante el estancamiento, para no desperdiciar más vacunas, se tuvo que abrir la inmunización a adolescentes mayores de 12 años.

Las consecuencias de no vacunarse y los costos para los demás deberían ser temas de debate en Bolivia, que es un país capaz de garantizar vacunas para todos, pero que no tiene una política informativa para inducir a la gente a aplicarse el inoculante. Sin ir muy lejos, hasta hace poco el vicepresidente David Choquehuanca no figuraba entre los vacunados y eso da una pauta de lo serio que es el asunto.

 

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