Editorial

Evo, el marchista no grato

miércoles, 24 de noviembre de 2021 · 05:15

Ávido de poder y de vigencia política, el expresidente Evo Morales se lanzó a la carretera para interpretar el papel que mejor sabe desempeñar: el de marchista y bloqueador. Y que nadie se ofenda por ello, ya que es por todos sabido que Morales hizo su liderazgo gracias a la protesta social.

Y, qué infausta noticia para él que su momento de luces haya sido empañado por la declaratoria de persona no grata que le dedicó la comisión legislativa de Relaciones Exteriores de Perú, la que además pidió que las autoridades le prohíban el ingreso al país. Eso obviamente no sucederá porque Morales es bienvenido por el gobierno de Pedro Castillo, sobre el que ejerce una fuerte injerencia en temas tan polémicos como la legalización de la coca, la nacionalización de recursos naturales, la constituyente para cambiar el país, entre otros aspectos que sólo deberían ser de incumbencia de los peruanos.

Esa bienvenida de parte de Castillo, y particularmente del secretario general de Perú Libre, Vladimir Cerrón, sin embargo, pronto podría ocasionar problemas al Gobierno peruano porque los extremismos son combatidos en aquel país. Será entonces cuando el presidente Castillo tenga que verse en la disyuntiva de decidir si quiere estar bien con el expresidente boliviano o con los peruanos que ahora le critican por dejarse influir por el mismo.

Morales perdió el poder en noviembre de 2019, cuando tuvo que renunciar a la Presidencia luego de intentar forzar un cuarto mandato en las urnas. Sin embargo, conservó el poder de su partido y pudo nombrar desde Buenos Aires al candidato del MAS, Luis Arce. El pupilo se ha convertido en presidente en 2020, con una mayoría superior a la que el mismo Morales pudo haber alcanzado en 2019, pero pese a eso debe jugar el juego que el jefe del partido le impone. Por eso, Arce y también el vicepresidente David Choquehuanca  tuvieron que ir a Caracollo a acompañar a Morales en el inicio de la marcha.

“Marchas eran las de antes”, dirían los mismos masistas. El propio Morales admitió que sólo unas 5.000 personas le acompañan y que la manifestación es apenas un calentamiento físico para lo que ocurrirá el lunes. Prometió para entonces, “reventar” La Paz. Llama la atención que la marcha haya empezado tan esmirriada, teniendo el MAS la capacidad de movilizar a todo el pacto de unidad y a los funcionarios públicos.

En todo caso, los marchistas que están en la carretera han tenido que dejar sus ocupaciones para acompañar al expresidente en una manifestación que, de lejos, goza de una logística envidiable. Entre los que marchan seguramente hay muchos integrantes de los grupos de choque que, al menor indicio de bloqueo de parte de la oposición, salen a desbloquear violentamente porque supuestamente quieren trabajar. Vaya contradicción la de ellos, que un día desbloquean para trabajar y al otro marchan y bloquean un carril de la carretera a Oruro para no trabajar.

La marcha de Morales ha sido anunciada en momentos en que se desarrollaba el paro de diferentes sectores sociales que exigía al gobierno de Arce la abrogatoria de la Ley 1383, que el mismo Morales admitió que era desconocida, justificando la necesidad de su anulación. ¿Entonces por qué marcha? La única explicación es que busca protagonismo y que ésta es una faceta más de las pugnas internas del partido de Gobierno.

Ya lo ha admitido el vocero presidencial que en Bolivia gobierna un triunvirato formado por Morales, Arce y Choquehuanca, que ayer fue visto en una aparente unidad marchando para defender al Gobierno de los supuestos grupos desestabilizadores de Bolivia.

Morales juega su juego, pero el que no debería prestarse a éste es Luis Arce que, en vez de estar marchando con Evo y favoreciendo  la confrontación, debería estar gobernando para todos y buscando consensos para los temas más importantes de su gobierno, como el plan de desarrollo, que ha abierto un nuevo frente de tensión.

El marchista ya es una persona no grata en Perú y, poco a poco, va camino de serlo también en Bolivia, incluso en ciertos sectores del MAS que lo preferían lejos del Gobierno y del poder.

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