Editorial

Las preocupaciones de la CIDH

jueves, 25 de noviembre de 2021 · 05:15

Mientras Evo, Arce y sus sectores se concentraban en Caracollo para iniciar una marcha hacia La Paz, que ha sido denominada “por la defensa de la democracia”, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hizo conocer su preocupación por el grado de violencia que se ha ejercido contra los manifestantes, la sociedad civil y el trabajo de la prensa en las movilizaciones de las semanas pasadas, cuyo turno era de la oposición.

Asimismo, la CIDH, que en este juego de polos ha estado siempre más cerca del oficialismo que de sus rivales, vuelve a insistir en la necesidad de diálogo y reconciliación en el país y  llama al Estado y a la sociedad boliviana a atender las recomendaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes (GIEI)-Bolivia, que instó a iniciar un diálogo reconciliador.

En un comunicado oficial, la CIDH  lamentó la muerte de una persona en Potosí durante una manifestación y urgió al Estado a esclarecer prontamente ese hecho, además de las denuncias de presuntos excesos de las fuerzas policiales.

Asimismo, toma nota de las denuncias de agresiones y obstáculos para el ejercicio de la labor periodística, enfrentamientos entre ciudadanos, amenazas a personas con liderazgos sociales o funciones públicas y actos de hostigamiento, entre otros.

Manifiesta que reprueba todo acto de violencia en el transcurso de las manifestaciones, en particular aquellos fundados en elementos de discriminación racial, y llama al Estado a investigar, juzgar y sancionar a las personas responsables intelectuales y materiales de los delitos cometidos en este contexto, observando las reglas del debido proceso.

Resulta paradójico que la CIDH haga estas peticiones al Gobierno boliviano justamente cuando éste, poniendo en evidencia su mirada parcial (por no decir partidaria) de la realidad esté organizando una marcha para demostrar a quienes se le oponen, lo critican o le reclaman, que tiene tanto o más poder en las calles que sus detractores. O, como lo dijo el propio presidente Arce, ellos son el “pueblo”.

“El pueblo no está en los comités cívicos, no está representado en ninguna oligarquía del país. El pueblo boliviano es el que trabaja, es el que ha aprendido a trabajar desde niño, el que sabe ganarse el pan día a día, el que ha demostrado que es el verdadero motor de la economía y de la patria”, dijo el Presidente (le faltó decir que ese “pueblo” es el llamado a marchar, con carácter obligatorio, en la protesta organizada por el MAS).

Y es que en el país, los ciudadanos comunes y corrientes son testigos silentes de quienes se adueñan de su agenda y levantan su nombre para sus propias causas. Las semanas previas lo hicieron gremialistas y otros sectores, unidos a los cívicos y una buena parte del país en contra del Gobierno y sus polémicas y arbitrarias leyes  y, ahora, como no podía ser de otra manera, la demostración de fuerza viene del otro lado, del Gobierno (que una vez más demuestra gobernar para un partido y una parte del país que considera sus afines antes que para el conjunto de los y las bolivianas), que quiere torcer la pulseta para su lado.

En este contexto resulta ineficaz el clamor de la CIDH por un debido proceso, por un desarme,  por un diálogo, por la búsqueda de consensos, pues el Gobierno, que es a quien le corresponden estas tareas, está más preocupado en la derrota de sus contrincantes que en cualquier otro aspecto.

La búsqueda de encuentros y de consensos en un país que parece querer enfrentarse cada vez en una batalla campal, no es una prioridad para nadie en estos momentos; y a pesar de las consecuencias que tiene esta virulencia en el ánimo de los bolivianos, ni la oposición ni el oficialismo parecen estar dispuestos a deponer armas para apostar por las soluciones. Las víctimas de tales decisiones son claramente los ciudadanos, la prensa independiente y la cultura de paz.

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