Editorial

La polarización ahora es chilena

sábado, 27 de noviembre de 2021 · 05:15

La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Chile acabó con una constatación: no hay términos medios posibles, la democracia está secuestrada por los extremos y ni siquiera el estable y próspero país trasandino es la excepción.

Los resultados dieron como ganador a José Antonio Kast -abogado de 55 años, casado, padre de nueve hijos y orgulloso simpatizante de la dictadura de Augusto Pinochet- quien sumó el 27,91% de apoyos. En segundo lugar se ubicó el izquierdista Gabriel Boric -un exlíder estudiantil de 35 años que busca ser el presidente más joven de la historia de Chile- con el 25,82%.

El liberal Franco Parisi, un candidato que no pisó Chile durante toda la campaña, pues tiene problemas con la justicia, dio la sorpresa y fue tercero con el 12,80%. Los votos de sus simpatizantes pueden ser clave en la segunda vuelta para inclinar la balanza hacia Kast o Boric.

Pero, ¿qué nos dicen estos resultados que darán un nuevo presidente a Chile el 19 de diciembre de este año?

Lo primero es la aparente paradoja de que, aunque con un ajustadísimo margen, gane el candidato de extrema derecha cuando la Constituyente fue conquistada por una izquierda mucho más radical que la tradicional alianza de la Concertación, que gobernó Chile en varios periodos luego de la dictadura pinochetista. ¿Podrá coexistir una constituyente de izquierda con un gobierno de ultraderecha?

Segundo: quien sea que se haga con el triunfo en diciembre venidero, gobernará en un país partido en dos, como ya pasó en Perú hace algunos meses.

Y, en tercer lugar, este escenario  deja afuera del gobierno a todos los partidos tradicionales chilenos, tanto de centro izquierda como de centro derecha: solo parecen posibles las posiciones contundentes, los discursos sobreideologizados y las propuestas radicales. Como sostuvo una conocida analista de ese país, “estamos entre un candidato ultraconservador que no quiere cambiar nada, y otro progresista que pretende cambiarlo todo”.

El derechista Kast ha prometido cavar una zanja en la frontera para detener a los migrantes, oponerse al aborto y recortar impuestos, ha declarado que admira a líderes como Augusto Pinochet, Ronald Reagan, Margareth Thatcher y Jair Bolsonaro. Su rival, Gabriel Boric, parlamentario y exlíder estudiantil de 35 años encarna los reclamos del estallido social de fines de 2019, propone aumentar el rol del Estado en la economía, poner fin al sistema privado de pensiones y ampliar los derechos sociales de la población.

¿Cómo podrá el electorado chileno salir airoso de ese entuerto que compromete su destino por el próximo quinquenio?

Chile enfrenta varios problemas pos pandemia: una inflación notable, una desigualdad que sigue a galope y problemas agudos como la migración imparable. Sin mencionar los problemas en las regiones de la Araucania y Biobio, que evidencian la exclusión y marginalidad de los pueblos indígenas en el país.

A ello se añade que la agenda social que emergió de las protestas de 2019 no ha sido ni siquiera encarada y que, a pesar de que la propuesta de Kast ha conquistado a un porcentaje del electorado que teme los aprestos revolucionarios de Boric, no podrá ser ignorada por el próximo mandatario tan fácilmente.

En conclusión, todo parece indicar que en estos pocos días, ambos candidatos tendrán que ver cómo conquistan a un electorado que seguramente tratará de escapar de ambos extremos. ¿Será capaz Kast de atenuar su discurso anticomunista y de mano dura para acercarse al centro y captar más votantes?, ¿podrá Boric dejar de parecer una amenaza para la estabilidad y un elogiador del caos (por su apoyo a las violentas protestas de hace dos años) para conquistar la confianza de los ciudadanos que lo miran recelosos?

Difícil predecirlo. Sin embargo, y sin ánimos fatalistas, queda claro que a Chile no le esperan años fáciles. La democracia partidaria luce renovada por nuevos liderazgos y partidos, pero la opción de los extremos sin consensos o puntos de equilibrio parece ser la peor amenaza.

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