Editorial

Al rescate de los buenos deseos

viernes, 24 de diciembre de 2021 · 05:14

Es un lugar común, pero es el lugar de todos: las Navidades son tiempos de reunión, de encuentro, reconciliación, de buenos augurios. Sin embargo, la Navidad de hoy llega con una pesada carga de malos ánimos al país. No solamente que, tal como sucedió el año pasado, el virus ha extendido nuevas garras con una cuarta ola que, lenta pero segura, está haciendo subir día a día la cifra de contagiados; también afectan las preocupaciones por la educación, que no ha conseguido despegar por segundo año y todas las demás consecuencias de una pandemia que se resiste en abandonarnos.

El año que coronamos con estas fiestas ha sido de enorme tensión para los bolivianos en general. Además de la situación sanitaria global y la crisis económica que la acompaña, el escenario político ha sido conflictivo y lleno de virulencia. No ha habido momentos de descanso o remanso en el discurso de los políticos que no han ahorrado esfuerzos para enfrentarse y, junto con ellos, confrontar a todos los bolivianos. Especial mención para un gobierno que, habiendo asumido en un clima de apoyo popular y esperanza, ha concentrado esfuerzos en seguir en una campaña de discursos y narrativas divisionistas, persecutorias y ha relegado muchos temas urgentes de la agenda población.

Aunque las cifras de recuperación económica son expectantes y son enarboladas como un trofeo por las autoridades gubernamentales, la sensación ciudadana es de incertidumbre y preocupación por la economía: el empleo formal pasa uno de sus peores momentos y la reactivación económica es lenta. Los números favorables tienen más que ver con la recuperación de los índices perdidos en plena pandemia que con medidas acertadas de impulso.

Además del sectarismo expresado por los actores políticos, el regionalismo y la pugna ideológica han ganado terreno, lastimando la ya débil convivencia democrática. A ello hay que añadir que la violencia machista ha tenido una cruenta presencia y se ha cobrado la vida de más de 100 mujeres en este año. Los derechos humanos tampoco han salido bien librados y se ha presenciado excesos policiales y de otros grupos contra la integridad de las personas. En este contexto, los trabajadores de la prensa han sido víctimas especiales de agresiones verbales y físicas: una situación que se está naturalizando y que preocupa inmensamente.

Finalmente, en un año de limitaciones y carencias, el destape de groseros casos de corrupción deja un gusto amargo por la falta de respeto a la función pública de muchas gestiones. El uso y abuso de los recursos estatales, el tráfico de influencias y el cuoteo político no reconocen ideologías y han demostrado estar institucionalizados, haciendo de la gestión pública un botín interminable.

Sin embargo, en medio de tantas dificultades y asperezas, los bolivianos han apostado por trabajar, levantarse, salir adelante. Ese ímpetu nos muestra la dimensión de la energía de este país que sigue creyendo en sí mismo. Las fiestas de fin de año nos ofrecen por ello una oportunidad para el reencuentro, para pensar en serio en la necesidad de una reconciliación y en la imperiosa necesidad del diálogo desinteresado. La superación de los grandes problemas que afrontamos y el logro de mejores días como sociedad sólo serán posibles si se prioriza precisamente lo que estas fiestas pregonan: la solidaridad, el respeto, la confianza. Es el segundo año que los hogares bolivianos recibirán la Navidad con miedos sobre la salud, sobre el futuro; con temores y desconfianza hacia sus gobernantes y autoridades; con desilusión y dolor por todas las pérdidas afrontadas por la pandemia, ¿no sería justo que quienes manejan los hilos del destino nacional posterguen sus luchas intestinas para trabajar por el país? Suena ingenua la esperanza, pero no por ello es menos necesaria. Ojalá en alguna parte, de alguna manera, se rescaten los buenos deseos navideños para que recibamos el año 2022 con más tolerancia, respeto y compromiso con la Patria.

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