Editorial

En defensa de Santa Cruz

miércoles, 29 de diciembre de 2021 · 05:15

El hecho de que exista una red de corrupción en Santa Cruz, no implica que toda Santa Cruz o que todos sus líderes sean corruptos. Tampoco significa que el modelo cruceño esté agotado, como quiere hacer creer el gobierno de Luis Arce. Resulta hasta ocioso escribir sobre un tema tan obvio, pero a tanta insistencia de los voceros del MAS, nos dejan sin alternativa.

El caso de los ítems fantasmas es el escándalo de corrupción del año, tal como lo ha indicado este mismo medio en una nota de evaluación, pero estigmatizar a toda una región por este motivo es una ofensa a una zona productora, generadora de empleo, receptora de miles de migrantes del interior del país y aportante de una buena parte de los impuestos del erario nacional. Según datos oficiales, Santa Cruz aporta el 30% del PIB nacional.

La corrupción es un mal endémico de Bolivia y, así como hay pillos y vividores entre los funcionarios públicos de Santa Cruz, también los hay entre los habitantes de otras regiones del país y entre los altos dignatarios del MAS, que ya lleva 15 años en el poder manchado por una seguidilla de escándalos de corrupción. Los casos Catler, Fondo Indígena, Barcazas chinas, CAMC, Characayo, Quelca, por solo citar algunos, son parte de la lista que “adorna” la hoja de vida del MAS.

El vocero presidencial, Jorge Richter, fue el que más lejos llegó con su diatriba. Dijo que el modelo cruceño “ya no tiene el objetivo de generar prosperidad para la región, sino busca apropiarse y controlar los recursos, que terminan siendo también utilizados después con objetivos políticos”.

Agregó que “ese modelo agotado está caracterizado por la presencia de clanes familiares, de sectores del formato de logias, de sectores empresariales, políticos y sociales que han logrado apropiarse y monopolizar el control de las instituciones en Santa Cruz, de Saguapac, de Cotas, de la CRE, de los colegios de profesionales, de las cámaras industriales”.

El escándalo de los ítems fantasmas tiene su epicentro en la Alcaldía de Santa Cruz y, si bien es cierto que se hallaron nexos con otras instituciones, la generalización es una mayúscula irresponsabilidad  del vocero presidencial.

Por el afán con el que está actuando la Fiscalía, pareciera que está en marcha una estrategia para comprobar las palabras del vocero, buscando corrupción hasta debajo de las piedras en Santa Cruz, sólo en Santa Cruz. Está bien que se combata esta lacra, pero que se lo haga en todas partes y que a todos los corruptos se los mida con la misma vara.

Entre tanto, el gobierno tendría que ahorrarse sus críticas al modelo cruceño porque podría terminar tropezando con sus propias palabras, pues ese modelo tan criticado es el que mueve gran parte de la economía del país, de la que tanto se jacta el economista Luis Arce.

 

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