Editorial

La tormenta se nos vino encima

jueves, 30 de diciembre de 2021 · 05:15

El coronavirus golpea nuevamente a Bolivia, como si poco o nada hubiéramos aprendido en los casi dos años que llevamos conviviendo en pandemia. En las últimas horas, el país y particularmente Santa Cruz han registrado cifras récord de contagios y los reportes indican que las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) están llenas y que existen largas filas en las calles en busca de pruebas.

En el caso de Santa Cruz, sólo el martes registró un récord de 3.278 casos de covid y 20 muertos, además de un 42% de positividad. La situación está descontrolada, lo que habla de la falta de medidas por parte de las autoridades locales y nacionales.

En el resto de los departamentos la situación no es mucho mejor. En el caso de La Paz, también hay un sostenido aumento de casos, las UTI empezaron a llenarse y ya se ven filas de gente buscando pruebas o medicamentos.

Frente a esta explosión de casos, los gobiernos regionales que habían autorizado fiestas de Año Nuevo tuvieron que dar marcha atrás para ponerse a tono con la crisis sanitaria. Las fiestas quedaron canceladas en El Alto y las capitales de La Paz, Cochabamba, Oruro, Tarija, Beni y Santa Cruz, donde además se dispuso ley seca.

La decisión de cancelar las fiestas es la más sensata en esta coyuntura, pero lo que se debe lamentar es que las autoridades hayan actuado tarde y con dubitaciones, lo que pudo haber llevado a mucha gente a hacer compras anticipadas para las grandes celebraciones.

Más allá de las medidas tomadas por las autoridades, lo que corresponde es preguntarnos cuánta responsabilidad tiene la ciudadanía por lo que está pasando. Seguramente muchos creyeron que la pandemia llegaría a su final con la vacunación, pero se equivocaron porque las personas inmunizadas también pueden contagiar y contagiarse. Y, entre los contagiados pueden estar los no vacunados, que son los que ahora están llenando las UTI.

Los grupos antivacunas han hecho un trabajo sistemático para evitar que el país alcance un nivel óptimo de inmunización y, producto de esa actitud irresponsable, el país entero está sufriendo las consecuencias.

Frente a esta situación, el gobierno ha dispuesto que desde el 1 de enero se exija el carnet de vacunación en los sitios con aglomeración de personas, lo que ha desatado la protesta de los grupos antivacunas. Y, para colmo, la aplicación para generar el carnet ha colapsado en el primer día, mostrando, otra vez, improvisación de las autoridades incluso en los pequeños detalles.

La tormenta se nos vino encima una vez más y, tal como sucedió en las anteriores olas, nos encuentra poco preparados para enfrentarla. Lo que resta pedir es que autoridades nacionales y locales se pongan de acuerdo en una estrategia única para enfrentar esta nueva versión de la crisis sanitaria. A los demás, nos queda cuidarnos y guardar los planes de festejo para el futuro.

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