Editorial

Carnavales decisivos

jueves, 11 de febrero de 2021 · 05:15

Los expertos y autoridades de salud han anunciado que el departamento de La Paz se encuentra en una meseta; es decir que el reporte de contagios ha dejado de subir y se sitúa  en un sostenido promedio. Sin embargo, el desenlace de este estado puede bien ser un descenso de los casos o bien un incremento de los mismos: todo va a depender de cómo se proceda en las dos semanas venideras.

De acuerdo a las autoridades del Servicio Departamental de Salud (Sedes) la región paceña  debe enfrentar dos semanas cruciales para pasar a una desescalada o una tercera ola, todo dependerá  de la  población  que “deberá  evitar  las aglomeraciones, la asistencia a espacios cerrados por mucho tiempo y  las fiestas de Carnaval”.

Recordemos que durante la primera ola, el descenso de casos coincidió con el fin del año y la población se desbordó en fiestas y celebraciones que derivaron en un incremento exponencial de casos y la llegada de una feroz segunda ola. Ahora nos podríamos encontrar en una situación parecida, pues hay un evidente decremento de casos (cinco regiones ya están en desescalada), pero es una delicada condición que bien podría volcarse en una tercera ola.

Es decir, no hay garantías. Ya lo sabemos. Pero sabemos también que cuando la población afloja los cuidados los efectos no tardan en dejarse sentir: lo sucedido en las fiestas de fin de año en todo el mundo debiera de ser una lección y ejemplo de lo que puede volver a pasar si relajamos la precaución. 

En Santa Cruz, ante el anuncio oficial que en Carnaval no regirá ningún tipo de cuarentena, el personal médico se ha declarado en emergencia y ha ingresado en un paro ampliamente criticado. Pero, ¿quién criticará o controlará los excesos que el alcohol y la algarabía carnavalera traigan? Es cierto que todos necesitamos una pausa y un espacio de esparcimiento, pero por una vez en nuestras vidas deberíamos considerar renunciar a ello por el bien propio y colectivo: estas fiestas de Carnaval pueden causarle a Bolivia una nueva tragedia.

Si bien las elecciones no han sido suspendidas a pesar de la pandemia, las fiestas de Carnaval si debieran estar prohibidas y las autoridades debieran considerar algún tipo de restricción o cuarentena para esos días, a fin de evitar desgracias posteriores.

No se trata de perjudicar la actividad económica, ni de aplazar un proceso electoral ya rezagado, esta vez se trata de impedir que los excesos y las fiestas nos vuelvan a llevar a un estado de emergencia que no podemos controlar. Esperemos que la sensatez y la apuesta por el bien común sea la opción de los bolivianos y de las autoridades. Que pasemos un Carnaval aburrido no arriesga la vida de nadie.

 

 

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