Editorial

La política exterior de Biden

sábado, 13 de febrero de 2021 · 05:15

Este 4 de febrero, Joe Biden pronunció su primer discurso importante sobre política exterior y comenzó así: “Estados Unidos ha vuelto. La diplomacia ha vuelto a ser el centro de nuestra política exterior”. En inglés, su frase fue “America is back”.

La agenda de política exterior de Biden es larga y compleja: Rusia, China, Europa, Oriente Medio, Corea del Norte, Burma, Yemen, junto a una serie de cuestiones como medio ambiente, democracia, derechos humanos y refugiados. Todo esto en un momento en el que la administración de Trump había dado giros radicales y, con sus acciones erráticas, había dañado considerablemente la credibilidad de la política exterior norteamericana.

En algunas cuestiones, Biden ya ha comenzado a dar pasos significativos. Ha vuelto al Acuerdo de París para el medio ambiente, ha suspendido toda ayuda a acciones militares en Yemen, ha vuelto a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ha firmado la extensión del acuerdo START con Rusia. Asimismo, le ha exigido a este país que libere al opositor Navalny, que se ha declarado perseguido por el régimen de Vladimir Putin. Todo en sus primeras semanas en la Presidencia.

Esas son cuestiones que están bajo el control de Estados Unidos. Mucho más difíciles serán los desafíos de la geopolítica donde Joe Biden debe enfrentar al creciente poderío económico y militar de China, que se traduce en una presencia cada vez mayor en todo el mundo, y en Asia en particular. La Rusia de Putin, en términos económicos, hace mucho que ha dejado de ser una súper potencia –su PNB está por debajo del de Corea del Sur según el FMI, o incluso del de Brasil, según el Banco Mundial- pero su poder militar y su capacidad de influencia son considerables. 

Latinoamérica y África no están entre las prioridades de Biden. No esperemos del Departamento de Estado mucha atención, con lo bueno y malo que esto pueda ser. Con todo, desde que Joe Biden llegó a la Casa Blanca está desmantelando la política migratoria de su predecesor y este sí es un tema de interés regional y motivo de cierto alivio para algunos países latinoamericanos: el gobierno de Estados Unidos suspendió el Acuerdo de Cooperación de Asilo (ACA) con El Salvador, Guatemala y Honduras firmado por la administración del expresidente Donald Trump, que permitía deportar migrantes de estos países. 

“Humanizar la política migratoria” es el eslogan que está siendo promovido por el nuevo gobierno y que ha sido anunciado por el cubanoamericano Alejandro Mayorkas, nominado para supervisar la política migratoria. La nueva administración quiere tomar distancia de Trump, quien tuvo una política agresiva, llegando a extremos como proponer la construcción de un muro entre EEUU y México, separar familias de migrantes y disponer que no se contraten extranjeros en las empresas americanas, algo que estas mismas han rechazado.

Con todo, el discurso de Biden es, como él mismo lo dice, indicativo de un retorno de un Estados Unidos que quiere seguir jugando un papel en ordenar el mundo de acuerdo a sus valores, de acuerdo a valores de los que todavía se creen abanderados. Una intención que ha sido siempre manchada por las ambigüedades que esta potencia ha mostrado cuando los principios democráticos que dice defender han entrado en conflicto con sus intereses geopolíticos y económicos. Esta frase del discurso de Biden hace pensar que esas dualidades no van a desaparecer: “No invertimos en nuestra diplomacia solamente porque es lo correcto para el mundo. Lo hacemos para poder vivir en paz, seguridad y prosperidad. Lo hacemos porque sirve a nuestros propios intereses. Cuando reforzamos nuestras alianzas, ampliamos nuestro poder y nuestra capacidad de detener amenazas antes de que lleguen a nuestras fronteras”.

Seguiremos asistiendo a la pelea entre las grandes potencias por el control del planeta; una lucha siempre contaminada de lindos discursos, dinero, pólvora y sangre. No deja de ser un consuelo poder verla desde lejos.
 

 

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