Editorial

Las reformas que se necesitan en la Ley 348

domingo, 21 de febrero de 2021 · 05:15

El expresidente Evo Morales promulgó la Ley 348, contra la violencia hacia la mujer, impulsado por la indignación que ocasionó la muerte de la periodista Hanalí Huaycho, asesinada en 2013 a puñaladas por su pareja.

La ley, sin embargo, como era previsible, no ha ayudado a reducir el número de casos de violencia contra las mujeres. En realidad, parece que estos fueran en aumento, con el número anual superando los 110 desde hace varias gestiones. Esa cantidad de crímenes, para un país de 11 millones de habitantes, entrega un índice muy alto. En Chile, por ejemplo, que tiene más población, se registran unos 40 feminicidios cada año. Y en Perú, que tiene el triple de población de Bolivia, se producen algo más de 100 de estos delitos anualmente.

Ante el fracaso de la Ley 348, aplaudida en su momento, ahora el Gobierno ha planteado su reforma, que sería promulgada el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Para ello el Ministerio de Justicia pidió a la sociedad civil diferentes propuestas, recibiendo más de  1.000 de ellas, que están siendo actualmente procesadas.

Obviamente que una ley no cambia la realidad, aunque puede ayudar en ese sentido. Lo que necesita la nueva legislación son acciones prácticas, como impulsar la construcción de albergues para mujeres maltratadas y/o para agresores; que exista una manera automática de que los maridos paguen las pensiones a sus exparejas; que la denuncia no implique riesgo de muerte; o que existan instancias efectivas de denuncia en todo el país... La lista es extensa, y para ello se necesitan recursos, materiales y humanos, que fueron siempre mezquinados  por los gobiernos.

El problema principal, sin embargo, y que no es atendido ni por la ley actual ni lo será por la norma reformada, es que se debe intentar reducir la cantidad de casos, procurar evitarlos antes de que sucedan. La mera sanción, por ello, es importante, pero no ayuda a resolver el tema: lograr disminuir y ojalá eliminar la violencia contra la mujer.

Para lograrlo se necesita una campaña educativa, informativa y de concientización muy ambiciosa, integral y transversal. Los colegios, donde se forma una parte de los valores de los niños y niñas, hasta los medios de comunicación, las universidades y otras entidades deberían sumarse a esta campaña. En ella también deberían participar las autoridades, concientizando sobre el tema. 

Con todo, el principal espacio de injusticia y revictimización de la mujer que es víctima de violencia es el judicial. La Ley 348 tampoco ha servido para acelerar los procesos y eventuales sanciones contra los culpables de los crímenes,    muchos de los cuales son liberados al cabo de algunos años ante la lentitud de la justicia. La mujer que denuncia una agresión no sólo es sometida a nuevas agresiones al momento de hacerlo -con personal con escasa formación y menos convicción de proteger a las víctimas-, sino que si toma la decisión de continuar con un proceso sólo tiene las de perder. Si cualquier proceso civil o penal es tortuoso en Bolivia, los relacionados a la violencia contra la mujer lo son peor: no hay protección, celeridad ni accesibilidad; los estrados son generalmente el espacio de la impunidad y la constatación de la negación del acceso de la mujer a la justicia. 

Por ello, antes de cambiar la Ley 348 en su forma, se debiera considerar una transformación sobre cómo se percibe a la víctima, pues es desde allí que se inicia el fracaso en la aplicación integral de esta norma. Los estrados judiciales, así como las instancias policiales y de denuncia, tienen una mirada machista y patriarcal sobre la mujer y desde esa posición es difícil que los procesos sean correctos y oportunos.

El país necesita avanzar con pasos certeros, sostenidos, honestos en la lucha contra la violencia hacia la mujer. La discusión de las reformas a una ley,  que no rindió los frutos esperados, debiera ser amplia y profunda. Antes de un reforma acelerada, debería haber un amplio consenso, sobre todo escuchando e integrando a las víctimas.
 

 

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