Editorial

La renuncia de Albarracín

jueves, 4 de febrero de 2021 · 05:15

Waldo Albarracín, ex rector de la UMSA, ex presidente de DDHH y ex Defensor del Pueblo,  es un hombre de bien. Ha servido a la sociedad paceña y boliviana defendiendo los derechos de las personas, ayudando a la democratización del país y luchando por el bien común. Demostró una gran valentía y entereza ante los abusos del gobierno de Evo Morales y pagó por ello graves consecuencias, como haber sido atacado físicamente y su vivienda, nada menos, incendiada.

Con ese bagaje era casi natural que hubiera querido pasar a la política y que se presentara como candidato a alcalde de La Paz en las futuras elecciones subnacionales. Pero después de un par de meses, Albarracín ha decidido dejar la carrera electoral. En la carta en la que hace conocer su decisión dice que sigue siendo perseguido por el MAS –que ha forzado a la justicia a liberar a los responsables de la quema de su casa– y que es presa de presiones diversas. Algo reprochable y lamentable.

Su renuncia, sin embargo, ha sido vista como un aporte a las fuerzas democráticas de la ciudad de La Paz. Su presencia como candidato dividía el voto opositor al MAS y  daba chances a ese partido de lograr, por primera vez en su historia, la Alcaldía de La Paz. Quien encabeza desde el inicio de la contienda el apoyo de los partidos opositores, Iván Arias, se beneficiará sin duda de la decisión de Albarracín. Aunque en política no existe aritmética, el perfil del votante a favor de Albarracín es similar al de Arias y por lo tanto se puede afirmar que esos adherentes terminarán confluyendo en la candidatura del ex ministro. Los otros candidatos rondan el 3% o menos de la preferencia y por ello no los consignamos en el análisis.

Los partidos que apoyaban a Albarracín, Comunidad Ciudadana y Unidad Nacional, deberían dejar la pequeña política y el cálculo partidario de horizonte limitado y de una vez apoyar a ese candidato que ahora tiene  más chances de vencer. Sería lo lógico y demostraría grandeza, pero ésta es una característica infrecuente en la política boliviana.

César Dockweiler, del MAS, también es un buen candidato. Es conocido y su figura es apreciada por haber sido el gerente general del teleférico. Va primero en las encuestas y, ahora sin Albarración, será la otra ficha fuerte en la elección de alcalde para La Paz. En cualquier caso, dos aspectos surgen de la renuncia de Waldo Albarracín. Primero, el reprochable manejo de su caso por el actual gobierno que pretende dejar en impunidad un hecho que no puede ser olvidado; y segundo, el que la carrera por la Alcaldía paceña se ha polarizado en dos principales candidaturas de las cuales se debe exigir la mejor gestión para esta golpeada ciudad.

 

 

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