Editorial

Un año de la pandemia en Bolivia

domingo, 14 de marzo de 2021 · 05:15

Se ha cumplido ya un año de la presencia de la pandemia en Bolivia. Un año que nos resulta más largo y tortuoso que cualquier otro; un año que puso a prueba no sólo nuestra fuerza y coraje, sino nuestra paciencia, solidaridad, compasión e inventiva.

Nadie ha salido ileso del intento de sobrevivir esta crisis. La humanidad ha sufrido golpes fuertes y simultáneos no solo a nivel sanitario, sino económico, social y también emocional y espiritual. Casi cada familia boliviana tiene una historia o pérdida que contabilizar y, según una encuesta recientemente realizada por Página Siete, el 56,7% de los consultados dicen que ellos o algún miembro de su familia se había contagiado de Covid.

Cumplimos un año, pero no concluimos la lucha: la esperanza está puesta en las vacunas que poco a poco irán bajando la incidencia de la enfermedad y empujándonos a una añorada normalidad que difícilmente será la misma de antes.

En el balance quedan muchos hitos y factores. Para Bolivia ha sido un año de dolor y luto, de precariedad y desesperación sanitaria, pero también de turbulencias políticas.  “Bolivia, el país donde la política derrotó a la pandemia”, decía un reportaje internacional que contaba, por el mes de agosto y septiembre pasados, cómo las campañas políticas y la confrontación resultante no se compadecían de la situación sanitaria.

Y así fue: tuvimos peleas, pugnas y enfrentamientos todo el año; sazonado esto con actos proselitistas y hasta bloqueos de caminos que impidieron el paso de alimentos, medicinas y hasta de oxígeno vital para la recuperación de los enfermos de Covid 19.

Pero no fue solamente eso. La política -que no dejó de estar al centro de la situación- agudizó la crisis de salud. Para atender la pandemia, tuvimos cinco ministros de Salud distintos, con gestiones marcadas  por denuncias de corrupción, problemas de salud y disputas con  los médicos.

El punto alto en ello fue el escándalo por la compra de respiradores. El 14 de mayo de 2020 Bolivia recibía con alegría la noticia de que 176 respiradores españoles habían llegado al país. Era el momento de la mayor carencia, cuando se estaba desnudando en vivo la precariedad del sistema de salud y muchas vidas se estaban perdiendo por no contar con uno de estos aparatos esenciales. Sin embargo, el gobierno de transición pagó por cada aparato 28.080 dólares, cuando la fábrica GPA Innova los vendía a 7.194 dólares. El pecado original de esta transacción fue que las autoridades compraron los respiradores de la intermediaria IME Consulting y no directamente del  fabricante, lo que subió el precio en más de cuatro veces.

A este escandaloso proceso le siguieron en el país los colapsos en clínicas y hospitales; la gente muriendo muchas veces en la calle e incluso la escasez de los medicamentos más esenciales. Pero, al mismo tiempo que se vivía el miedo y la  indefensión, la economía empezó a hacer aguas; muchos negocios se cerraron, muchos empleos se perdieron y sólo la inventiva y resiliencia ayudó a los bolivianos a enfrentar la tormenta.

El otro escándalo se produjo cuando en agosto de 2020, después de un fallido decreto que normaba la educación semipresencial y a distancia, el gobierno de Jeanine Añez determinó la clausura del año escolar. Un hecho doloroso para cientos de miles de estudiantes y sus familias, quienes no sólo enfrentaron la frustración de no poder concluir la gestión escolar, sino la dificultad de avanzar lo indispensable por la falta de acceso a la internet y la escasa capacitación de los maestros para encarar este tipo de procesos.

Un año de pandemia ha dejado en Bolivia un cuarto de millón de infectados y 11.858 muertos, según cifras oficiales. Hemos sufrido dos olas (la primera más letal y la segunda más contagiosa) y más de 500 salubristas han ofrendado su vida para combatir el virus. Hoy, aún con enormes carencias humanas y materiales, estamos ante la amenaza de una tercera ola que esperamos se atenúe con el efecto de las vacunas. Queda aún un largo trecho por recorrer.

 

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