Editorial

La diplomacia es para los diplomáticos

lunes, 15 de marzo de 2021 · 05:15

El abogado Rogelio Mayta solía ser un ciudadano sensato, sobrio y defensor de los derechos humanos. Ya convertido en canciller del Estado, ha mostrado un rostro diferente apostando por una excesiva ideologización de las relaciones exteriores, por el despido de personal de carrera del servicio exterior y por una ofensiva convocatoria al embajador de Gran Bretaña, Jeff Glekin, para que informe si apoyó un presunto golpe de Estado en Bolivia y si su país urdió un plan para apropiarse del litio del Salar de Uyuni.

La primera medida que permitió tomarle el pulso a las relaciones exteriores fue adoptada a principios de febrero, cuando se dispuso reponer la visa de ingreso a Bolivia para ciudadanos de Estados Unidos y de Israel, pese a que este requisito perjudica al turismo del país. 

El argumento es la reciprocidad, es decir, si Estados Unidos pide visa a los ciudadanos bolivianos, entonces Bolivia también impone ese trámite a los norteamericanos. Si ese fuera el argumento real, también se impondría visa a todos los europeos, japoneses y demás nacionalidades. Pero no, la verdad es que se trata de una inopinada ideologización de las relaciones exteriores del país.

Aunque, quizá el asunto sea más mezquino aún. Lo que hizo Arce y por tanto Mayta por ser el jefe de la diplomacia boliviana  es reponer la visa solo para borrar una medida de Jeanine Añez, que había eliminado ese requisito. El Gobierno está empeñado en eliminar todo aquello que hayan hecho los supuestos “golpistas”.

Luego de ese hecho, el país volvió a saber de Mayta cuando despidió al 90% de los diplomáticos de carrera del servicio exterior boliviano. Dirá el canciller que Karen Longaric y todos los demás hacen lo mismo. Pero, la realidad es que ni David Choquehuanca se había atrevido a tanto. Si bien había cambiado a embajadores y a una parte del personal, había respetado la carrera de muchos otros, los que también permanecieron en sus cargos en el gobierno de Añez, pero que fueron finalmente echados por Mayta. 

Longaric, por su parte, trató de restituir la carrera diplomática como un requisito para trabajar en el servicio exterior e hizo contrataciones en ese sentido, aunque no faltaron los familiares de uno que otro político del régimen que también fueron nombrados.

Luego de la masacre blanca, la mayor parte del servicio exterior se encuentra acéfalo, a la espera de que Mayta encuentre personas con el perfil político adecuado y que revise nariz por nariz para hacer los nombramientos, pues en una de sus desafortunadas declaraciones justificó los despidos indicado que los diplomáticos de carrera son de “nariz respingada” y que solo saben “doblar el meñique” en los cócteles.

Cuando ya parecía que había hecho suficiente para malograr la diplomacia boliviana, el canciller decidió convocar al embajador británico para que responda a una publicación carente de sustento en la que se le acusa de apoyar el inexistente golpe de Estado en Bolivia y de urdir un plan para apropiarse del litio boliviano. 

Y, como no le bastó el informe oral, le pidió un informe escrito en el que seguramente Glekin dirá que los seminarios y eventos que la citada publicación usa como pruebas del apoyo británico al supuesto golpismo son las actividades cotidianas de la embajada en La Paz, que son públicas y que, dicho sea de paso, se hacían con el mismo empeño durante el gobierno de Evo Morales.

Por eso es importante que los médicos curen a los enfermos, que los abogados defiendan a los acusados y que los diplomáticos se hagan cargo de las relaciones exteriores de los países. Mayta debería saber que la convocatoria a un embajador procede si éste hubiera hecho una declaración o acción en contra de Bolivia, pero no por una simple publicación de prensa sin fundamento. 

Con apenas cuatro meses en el cargo, Mayta está provocando nostalgia por Choquehuanca, el canciller que más tiempo permaneció en el cargo y que, pese a consabida ideologización de las relaciones exteriores, mantuvo un perfil de sobriedad y respeto por la comunidad internacional.

La pregunta final es si Mayta está actuando de esta forma tan poco diplomática por iniciativa propia o es que está recibiendo frecuentes llamadas telefónicas del Chapare y de Buenos Aires. Sea como fuere, el caso es que su accionar no le está haciendo bien a los intereses del país.
 

 

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