Editorial

Gobierna el ala dura del MAS

lunes, 22 de marzo de 2021 · 05:15

El discurso confrontacional de Luis Arce durante su posesión sorprendió al país porque, habiendo llegado al poder con el 55% de los votos, se esperaba de él un mensaje conciliador y la inauguración de un gobierno para todos. 

Con aquel discurso, en el que se refirió a la transición como “gobierno de facto”, nació la estrategia de persecución que ahora vemos materializada en el encarcelamiento de opositores, además de jefes militares y policiales. Antes de aquel hito, salvo uno que otro dirigente radical, el MAS no había articulado la retórica del golpe, tal es así que el propio Luis Arce en una entrevista televisiva había calificado al gobierno transitorio como constitucional. 

Con el regreso de Evo Morales y la conclusión del refugio de los exministros del MAS  se articuló la retórica del golpe, aunque no se tradujo en acciones hasta pasadas las elecciones municipales.

La mecha fue encendida por el exministro de la presidencia Juan Ramón Quintana, que en un discurso de cierre de campaña pidió cárcel para Jeanine Añez, a la vez que instó a las autoridades del Ejecutivo y el Legislativo a tomar acciones al respecto. Acto seguido, hubo legisladores que criticaron directamente a los ministros de Gobierno, Eduardo del Castillo, e Iván Lima, al extremo de proponer que Quintana regrese al Gabinete.  Estos ministros, desesperados porque ya estaban en la cuerda floja, de la noche a la mañana cumplieron con lo encomendado: detener a Añez, a sus exministros y a jefes militares.

Esta sucesión de hechos demuestra que el ala dura del MAS se ha impuesto y que ahora está gobernando el país. Encabezan esta facción el expresidente Evo Morales y el propio Quintana, que empezaron a ejecutar una venganza por haber perdido el poder en 2019. Y no faltan las teorías conspiracionistas que sostienen que en realidad Morales está buscando la caída anticipada del gobierno de Luis Arce para volver al poder lo antes posible y que la persecución sería el inicio de esta estrategia. 

Tratándose de Morales y Quintana no habría que descartar ninguna hipótesis o de otra manera sería incomprensible tanta pasividad de Arce ante estos atropellos, aún a costa del desgaste de su propio gobierno. Es eso, o es que realmente Arce es un prisionero de los duros del MAS, que manejan a los movimientos sociales. 

Aún con su silencio frente a la manipulación de la justicia, ante la vulneración de los derechos humanos y del debido proceso, Arce está en el ojo de una tormenta a nivel nacional e internacional. No es poca cosa que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, le haya llamado para pedirle que respete los derechos humanos y el debido proceso. Podrá el MAS vilipendiar a la OEA, pero no podrá hacer lo mismo con el resto de los organismos internacionales.

Arce apenas lleva cuatro meses en el poder como para permitirse este prematuro desgaste y su consiguiente ingreso al club de presidentes antidemocráticos de la región, como lo son Nicolás Maduro o Daniel Ortega.

Si bien Luis Arce fue designado como candidato por Evo Morales, fue elegido como presidente de todos los bolivianos y no tendría por qué someterse al ala dura de su partido. El 55% de los votos que lo eligieron son más importantes que el dedo de Morales.

El mandatario también debería saber que, si en las urnas él logró superar al propio Evo Morales en porcentaje, fue porque una gran cantidad de sus electores votaron en contra del autoritarismo y el prorroguismo del expresidente y porque vieron en él la renovación no sólo de un liderazgo, sino de una manera de hacer política, contraria a la implantada por Evo Morales y por el gobierno transitorio de Jeanine Añez.

Tras su arrollador triunfo, Bolivia había quedado en paz. Los que votaron por la oposición, salvo excepciones, habían aceptado su victoria y el país se disponía a enfocarse en la recuperación económica y el combate  a la pandemia. Pero, tuvieron que ser Evo Morales y Juan Ramón Quintana quienes removieran el avispero para que otra vez volvieran la confrontación y el miedo de  2019.
 

 

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