Editorial

Pedir disculpas en la política

sábado, 27 de marzo de 2021 · 05:15

“Un error debe llamarse error y, sobre todo, debe corregirse. (…) Sé que esta propuesta ha causado una incertidumbre, lo lamento profundamente y por ello pido perdón a los ciudadanos”, dijo hace unos días la canciller alemana Ángela Merkel, a tiempo de retroceder en las  medidas restrictivas que había previsto para la Semana Santa en su país. A pesar de que en su momento fue aplaudida, la  Covid 19 ha tenido un alto costo para Merkel, cuyo partido retrocede en los sondeos por las duras críticas a la gestión de la pandemia.

Los alemanes, que se han manifestado durante las últimas semanas en contra incluso de las medidas de bioseguridad, están extenuados por los altos costos económicos y sociales de más de un año de pandemia. Alemania es uno de los países más golpeados por el virus a pesar de todos los esfuerzos desplegados. 

Ahora, ante amenazas de un nuevo rebrote, se determinó suspender actividades culturales y religiosas durante el feriado de Pascuas, con el fin de contener los contagios, pero la reacción de los sectores económicos y sociales fue contundente, llevando a que Merkel deje sin efecto las medidas.

Pero, lo más importante de todo ha sido la actitud de la mandataria: ha reconocido su error y ha pedido humildes disculpas a su pueblo. No es la primera vez que lo hace; en realidad su modelo de gestión y el de varios otros líderes de su país se basa en  un bajo perfil mediático, trabajo tesonero con resultados y  coherencia política.

Parecen estas condiciones de otro mundo, como cuando se describen los dones de dioses lejanos, no humanos. Y es que la política por estos lados del mundo debe cumplir con un perfil que apunta justamente a lo contrario: la demagogia, la incoherencia abierta y desaprensiva en el discurso y  el no rendimiento de cuentas (bajo circunstancia alguna). ¿Pedir disculpas? Nunca, o casi nunca. Como la política es  vista como el espacio de la disputa (literal y cuerpo a cuerpo) por el poder, la honestidad, la humildad y el reconocimiento de las faltas es señal de debilidad.

“Este error es mío y sólo mío”, ha confesado la canciller alemana públicamente al retroceder sobre sus propuestas, sabiendo incluso que son sensatas considerando la incidencia del virus en las últimas semanas, pero entendiendo que el golpe económico y emocional para los alemanes justifica el rechazo.

En Alemania hay elecciones en seis meses más y el partido de la que es considerada una de las mejores cancilleres de ese país el CDU  no pasa por su mejor momento. Lo natural, en nuestros parámetros, hubiese sido la negación y la victimización... No, la nobleza también existe en la política. Y aunque en Bolivia jamás la hayamos visto, estos ejemplos sirven para saber que existe.
 

 

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