Editorial

Crisis en Epsas y peligro para La Paz

lunes, 29 de marzo de 2021 · 05:15

El manejo de un recurso vital para la ciudadanía en La Paz corre riesgos ante la impasividad de las autoridades y la ignorancia de la población.

En ocho años, nueve interventores fueron posesionados para sacar de la crisis  a la Empresa Pública Social de Agua Potable y Saneamiento (Epsas). Cuatro rotaron  en lo que va de 2021, en medio de una pugna que evidencia el manejo como un botín político de la institución de la que depende el suministro de agua potable para ocho municipios.

En 2013 empezó  un  proceso de intervención que inicialmente debía durar seis meses, pero después de varias ampliaciones, va por los ocho años. Desde entonces  hubo nueve  interventores y la solución luce cada vez más lejana.

Como se ha denunciado, esta inestabilidad se debe a profundas pugnas políticas por cuotas de poder,  que ha derivado en un manejo discrecional de los recursos y una condición de inestabilidad económica en la empresa proveedora de agua potable para los paceños.

Hace unas semanas, trabajadores de Epsas instalaron una huelga de hambre denunciando contrataciones  y despidos irregulares, además de la rotación de cuatro interventores en menos de dos meses debido a decisiones políticas. Observaron que el último no respondía al perfil idóneo para dirigir la empresa. Mientras se instalaban  los piquetes, grupos del MAS intentaban tomar las instalaciones.   

Página Siete accedió a  cuatro votos resolutivos de diversas organizaciones sociales, todas afines al partido de gobierno. Unos  piden nombrar “a su postulante”  como interventor, otros  solicitan puestos laborales y al menos uno  conmina al gobierno  a destituir a determinada autoridad. En las planillas de personal figuran cargos para asesores, con sueldos de hasta 17.000 bolivianos.

Pero hay más: la inestabilidad en la empresa de agua también ha puesto en riesgo proyectos de cooperación, que se iniciaron en 2016 después de la crisis del agua en la ciudad. Hace poco, la Embajada de los Países Bajos envió una carta a la jefa de gabinete del Ministerio de Planificación, Jackeline Arce Zaconeta, expresando su preocupación por la situación en la que quedaba  el “Proyecto La Paz-Eficiencia hídrica y Alerta temprana”, creado en respuesta a la grave crisis de agua que vivió la urbe en noviembre de 2016.

Es un conflicto de larga data y sin perspectivas. Ha habido propuestas de soluciones, pero ninguna ha prosperado. En marzo de 2017, los  alcaldes de La Paz y El Alto, Luis Revilla y Soledad Chapetón, enviaron a la Autoridad de Fiscalización y Control del Agua Potable la propuesta de creación de  la empresa Unión Metropolitana por el Agua (UMA). Esta debía constituirse sobre la base de Samapa para hacerse cargo del servicio de agua potable y alcantarillado  en ambas jurisdicciones y dar fin a la  intervención de Epsas. El plan para la implementación de UMA contemplaba una inversión de 1.100 millones de bolivianos para cinco años, tomando en cuenta las contrapartes que le corresponden al Gobierno nacional en los proyectos. Sin embargo, esta no halló respuestas.

Después de varias reuniones de ajustes se decidió ampliar la intervención mientras se conformaba un nuevo proyecto. Empero, se  condicionó la creación de la nueva empresa a la inclusión del resto de los municipios de la región metropolitana del departamento en igualdad de condiciones. La Paz y El Alto constituyen el 80% del área metropolitana y concentran el 95% de los usuarios del servicio. Sin embargo, una  empresa metropolitana debe incluir también a Palca, Mecapaca, Viacha, Pucarani, Laja y Achocalla que se abastecen de agua a partir de pequeñas cooperativas. 

Como se puede ver, se necesita un debate abierto para una solución estructural no sólo del manejo de Epsas, sino de un recurso vital, como es el agua. Lo mínimo que debería hacer el Gobierno es afrontar el problema con estas prioridades, dejando de lado la prebenda política, pero claramente esa no es la intención de las autoridades. Mientras tanto, los paceños vivimos expuestos a un riesgo que no controlamos.
 

 

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