Editorial

La cultura en su mala hora

jueves, 1 de abril de 2021 · 05:15

El escándalo se armó en torno a un video –un almibarado homenaje al mar creado y protagonizado por la ahora exdirectora de la Orquesta Sinfónica Nacional, Roxana Piza-. Pero, el asunto es más grande.

El video –que se hizo viral en redes sociales- es, podría decirse, inofensivo. Más allá del mal gusto y lo cursi, no es novedad que a muchos bolivianos les conmueve y agrada esa patética fijación y victimización marítima…  Pero, eso es motivo de otro análisis. Decíamos que el asunto podría pasar por un intento ridículo pero inofensivo de quedar bien, pero entraña varios otros problemas.

El primero y más triste es el “uso” de un conjunto de músicos, formados en años y décadas de estudio, para un material propagandístico de poca calidad. La señora directora se promociona a sí misma con el acompañamiento de todos ellos y encima con un tema que dice haber compuesto y resulta ser un plagio de una canción del cantante argentino Leo Dan (Una calle nos separa, 1969).

Pero, hay más. El problema de fondo es que como consecuencia de las críticas a la mencionada pieza audiovisual,  la débil estructura que sostenía a la Orquesta Sinfónica tambalea. La que fuera años atrás la Fundación Orquesta Sinfónica, permitió no sólo la creación del Centro Sinfónico Nacional desde los escombros -recordemos que un edificio abandonado fue recuperado y convertido en un bello escenario para conciertos de orquesta-, sino además, tener un elenco estable y un programa permanente de calidad.

Al pasar a manos del Estado, en ese obsesivo afán que tiene el MAS de coparlo y dominarlo todo bajo el pretexto de la descolonización, la Fundación eclipsó y la institución entró en una franca decadencia. Primero, porque quienes fueron elegidos para conducir la institución no fueron personas con formación para ello y segundo, porque, como muchas otras entidades culturales o artísticas, ha sido sometida a los intereses del Gobierno,  con directivos elegidos a dedo, escasísimo apoyo, e incluso intenciones de cerrarla.

Las expresiones culturales son diversas y todas valiosas; una orquesta sinfónica cumple en ese marco un papel esencial en la difusión de la música clásica y de otros géneros y debe ser conducida con criterios especializados y sobre todo independientes de cualquier ideología o interés político. Pretender que la cultura sea parte de un discurso o de un botín político daña el sacrificio y el oficio de los artistas. Lastimosamente el Ministerio de Cultura se maneja bajo esos parámetros.

Mientras no se le dé la importancia, el valor y el lugar que tienen las instituciones culturales, dejándolas de manejar con criterios políticos, el horizonte cultural del país será tan estrecho como las mentes de quienes las dirigen.

 

 

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