Editorial

La niñez robada es una realidad

jueves, 15 de abril de 2021 · 05:15

Nada de lo que se pueda haber conquistado con leyes para garantizar los derechos de los niños tiene valor frente a la dura realidad que éstos viven en un país como Bolivia. Los registros son dolorosos: seis infanticidios y más de 800 vejámenes contra menores de edad se han registrado sólo en  los primeros tres meses del año. 

Son, como se puede apreciar, crímenes que van desde el asesinato hasta el abuso sexual, la violencia física, psicológica, explotación laboral y otros. Los niños y niñas bolivianos son sometidos con una frecuencia que no es admisible a tratos crueles, degradantes, e incluso a tortura, generalmente en el seno de sus propias familias, que además les niegan o mezquinan el acceso a la educación, a la seguridad y a la salud, que son también parte de sus derechos fundamentales.

Según datos de la Defensoría del Pueblo, la crisis sanitaria ha empeorado esta situación y ha derivado en nuevas formas de vulneración de los derechos de los niños y niñas en el país pues, por increíble que parezca, el estar en sus casas y rodeados de padres y otros familiares los expone más a los maltratos y las posibilidades de detectar los abusos disminuye con el encierro.

Un reporte de la Fiscalía General del Estado registra que hasta abril de este año, seis niños y niñas fueron asesinados de forma cruel. Sus victimarios fueron sus propios progenitores y en un caso su tío. También informa que entre el 1 de enero al 31 de marzo el país registró 802 casos de violencia en contra  de niñas y niños: 369  responden al delito de estupro y 433 a violación de  infante, niño, niña o adolescente. La Defensoría Municipal de La Paz, por su parte, señala que la violencia psicológica fue la más atendida durante 2020 y lo que va de 2021, con un repunte durante la cuarentena.  El trabajo infantil también se ha incrementado con la pandemia, y se reporta un aumento de niños y adolescentes trabajando en las calles en situación de riesgo.

También hay que agregar a la lista los huérfanos de la violencia feminicida. Según el  Observatorio para la Exigibilidad de los Derechos de las Mujeres, los 33 feminicidios registrados en el país durante el primer trimestre del año dejaron un saldo de 40 huérfanos. De éstos, 29 eran niños y adolescentes dos  y 17 años de edad.

Es decir que estamos frente a un rasgo de descomposición social tan grande que la familia, lejos de ser el lugar seguro se convierte en el escenario de las violaciones y abusos de todo tipo. La protección de los niños y adolescentes, que es deber primordial de una sociedad, está siendo incumplida sin que las instancias llamadas a evitarlo actúen oportunamente. El concepto del bien superior del niño es ignorado tanto a nivel social como a nivel del Estado, pues las vulneraciones llegan de todos los flancos.

A ello, por supuesto, se debe añadir que la pandemia los ha privado de la educación y la socialización que son parte de su desarrollo integral. Después de la llegada de la pandemia las aulas se cerraron para alrededor de 1,7 millones de niños y niñas de nivel inicial y primario. La implementación de las clases virtuales puso al descubierto la desigualdad de oportunidades tecnológicas, geográficas y económicas en el  acceso a la educación, una situación que pasará la factura a la formación de los niños y niñas.

Todos estos elementos configuran un dramático escenario para el recurso humano más valioso en una sociedad: sus niñas, niños y adolescentes. Si los derechos básicos de esta población, que representa el 25% de la totalidad de los bolivianos, son menoscabados de tal manera, poco podemos esperar de su proyección futura. 

El Estado y los gobiernos de turno -el partido de gobierno protagonizó un bochornoso acto de “homenaje” en Santa Cruz que acabó en trifulca entre dos facciones opuestas ante la perplejidad de los niños- deben dejar el discurso y la instrumentalización, y priorizar la protección de una niñez que no puede sentirse tan desamparada. Un país no puede ir hacia adelante sin cuidar a su infancia.
 

 

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