Editorial

Basurales en lagos y espacios naturales

martes, 6 de abril de 2021 · 05:15

A pesar de que es posible verlo a diario con nuestros propios ojos, han tenido que ser imágenes que den vuelta al mundo las que detonen las alarmas sobre el estado de algunos lagos o espacios naturales en Bolivia, que se encuentran -literalmente- enterrados en basura.

El ciudadano francés Alexis Déssard llegó a Bolivia como muchos turistas, decidido a conocer los diversos sitios turísticos naturales que tiene el país. A su paso por uno de los más famosos, el Salar de Uyuni, tuvo la oportunidad de visitar el cementerio de trenes (en la ciudad de Uyuni) y quedó alarmado con el espectáculo. Las oxidadas carrocerías de trenes -que son el atractivo del lugar- estaban rodeadas de toneladas de basura que nadie recoge. La opinión de Dessard es la de cualquier extranjero que atestigua una cosa así: ¿cómo un espacio tan hermoso y que atrae a tantos visitantes puede llegar a ese extremo de descuido tanto de los ciudadanos que arrojan indolentes sus desperdicios como de las autoridades que no hacen nada al respecto?

A diferencia de otros turistas que se guardan la (mala) opinión para ellos mismos, el francés decidió tomar acción y aprovechando el alcance de las redes sociales emprendió una convocatoria pública para limpiar el lugar. Más de 100 personas del lugar y soldados del Regimiento Loa se unieron y consiguieron recoger más de dos toneladas de basura. Las autoridades de Uyuni reconocieron a Dessard con un diploma, y éste se trasladó a Oruro para iniciar una nueva cruzada contra la basura: esta vez quiere sacar todos los desechos en los que está enterrado el  lago Uru Uru, cuyas imágenes también recorrieron el mundo.

Ojalá este joven pueda hacer muchas campañas para limpiar lagos, ríos y cerros bolivianos que permanecen convertidos en basurales a pesar de su belleza. Por supuesto que esto no será posible, pero es importante el llamado de atención para que la limpieza, la preservación y descontaminación de nuestros espacios naturales se conviertan en una política pública, no en un acto excepcional llevado a cabo entre cámaras y aplausos, ante el  impulso de ciudadanos asombrados con el problema.

En el caso de Uyuni es alarmante; a pesar de la cantidad de visitantes que recibe, no tiene un plan de gestión de residuos sólidos. Sus pobladores y autoridades sostienen que la basura de los dos botaderos con que cuenta la ciudad no reciben ningún tratamiento y la basura está dispersa y es llevada de un lado a otro por los fuertes vientos.

La mayor parte de los residuos que se vierten en Uyuni y en todas las regiones turísticas, como el salar o las lagunas, se acoplan en sitios de recolección sin ser clasificados ni tratados térmicamente, lo que causa mal olor y contaminación del suelo. Esto  sin mencionar la dispersión de bolsas, botellas y otros residuos plásticos que no son biodegradables.

No es el único caso en el país: todos hemos visto alguna vez la enorme contaminación y acumulo de residuos que tiene el lago Titicaca, el descuido que reina en el Valle de las Ánimas (La Paz) o el desolador panorama en el Uru Uru... Y no es con una sola limpieza que se resuelve el problema, sino con un programa permanente de protección que no debe postergarse.

Vecinos de la ciudad de Uyuni comentan que limpiezas como las realizadas por el francés Déssard han sido organizadas otras veces en el salar y en otros espacios. Hace unos años, por ejemplo, los embajadores europeos limpiaron ellos mismos con ayuda de estudiantes las playas del Titicaca. Sin embargo, estas tareas por muy valiosas, al no ser parte de una política constante de tratamientos de residuos, descontaminación, limpieza y educación ciudadana, caen en saco roto. Necesitamos educarnos en el cuidado de la naturaleza ciudadanos y autoridades; desde el colocado de basureros -que es inexistente- en esos espacios, hasta la limpieza periódica. No podemos esperar que otros Alexis nos vengan a salvar. El cuidado de nuestros patrimonios naturales es una prioridad.

 

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