Editorial

Declaraciones juradas dudosas

lunes, 10 de mayo de 2021 · 05:15

Las declaraciones juradas que los funcionarios públicos hacen ante la Controlaría apenas ingresan al cargo últimamente se han convertido en una chacota porque, si nos guiamos por el patrimonio que ellos dicen tener, llegaremos a la conclusión de que muchos de los actuales gobernadores o alcaldes estaban viviendo en la indigencia, pues no registran bienes, rentas ni deudas. La pregunta es de qué vivían estas personas porque no declaran ni 10 bolivianos de ingresos para comprarse el pan del día.

Las declaraciones de los gobernadores de La Paz, Santos Quispe, y de Tarija, Óscar Montes, son llamativas. Ambos declaran tener cero bienes (activos), cero deudas (pasivos) y cero rentas (pasivos). Quispe dice tener un bien y Montes seis bienes, pero en el casillero donde se pone el monto de los bienes aparece cero.

El caso de las autoridades que declaran solo deudas también es paradigmático. En este grupo están los gobernadores de Cochabamba, Humberto Sánchez; de Chuquisaca, Damián Condori, y la alcaldesa de El Alto, Eva Copa. Sánchez declara seis bienes, pero cero en bienes activos; Condori dice tener un bien, pero cero en bienes activos, mientras que Copa declara dos bienes y cero en bienes activos. Todos ellos dicen tener cero de rentas.

Incluso aquellos que declararon varios millones en su haber, presentaron números inconsistentes. Por ejemplo, hay casos en los que las deudas superan en muchos millones a sus bienes activos, con cero rentas, entonces no se entiende cómo estaban pagando esas deudas si no tenían ingresos.

O, el caso del alcalde de Oruro, Adhemar Wilcarani, también es llamativo, pues declara ser propietario de dos bienes y solo registra 2.000 bolivianos en bienes activos, cero deudas y cero rentas. 

Hay muchas razones por las que una persona idónea puede tener mucho, poco o ningún dinero. Trabajo capaz y sacrificado, herencias, lotería, quiebras, desgracias personales, etc. La diosa de la fortuna es todo, menos justa. Al que madruga Dios lo ayuda, pero ella, caprichosa, los desbarata si quiere.

El espíritu de las declaraciones juradas es que los funcionarios públicos declaren su patrimonio al momento de asumir el cargo y que vuelvan a hacerlo cuando terminen la función pública para verificar si no aumentaron sus pertenencias de forma desmesurada. Sin embargo, está claro que la mayoría de los funcionarios públicos no se toma en serio este requisito y, por tanto, no es posible saber cuál es el verdadero patrimonio de las autoridades y menos podremos saber si lo hicieron crecer en su gestión.

Evidentemente, es posible que uno o más tengan cero, exactamente cero, de patrimonio, pero es poco creíble que tantos hayan llegado a tan poco después de una vida de actividades y avatares. Parece más bien que no se toman en serio esa declaración y quieren hacer gala de su desprecio por ella.

Pero más que una muestra de mala fe, declarar cero patrimonio es una demostración de estupidez, pues cuando salgan tendrán que dar más explicaciones sobre todo los que por ventura tengan por encima de lo que se puede justificar con el sueldo que tengan. Naturalmente, ellos cuentan con poder otra vez hacer chacota de la declaración.

Lo que debería hacer la Contraloría, en primer lugar, exigir que las declaraciones juradas sean coherentes y, por otro lado, debería realizar un cruce de información con otras instancias, de tal manera que se pueda saber a ciencia cierta cuáles son los bienes que tiene un funcionario. Sólo así las declaraciones juradas serán una herramienta de transparencia y lucha anticorrupción.

Es lamentable, en todo caso, el espectáculo brindado por las nuevas autoridades; una muestra de que el poder es impune y todopoderoso, que no rinde cuentas y que no se compadece de los principios democráticos de transparencia que la mayoría de los líderes políticos pregonan como retórica electoral. Ya lo hemos vistos con exautoridades del MAS y del gobierno de transición, y es claro que con esos precedentes poco se puede esperar para el futuro.
 

 

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