Editorial

Las campañas antivacunas

miércoles, 12 de mayo de 2021 · 05:15

El mundo entero enfrenta, con desiguales proporciones, una lucha por el acceso a las vacunas. Algunos países están más adelantados que otros, ya sea porque les sobra el dinero para adquirir grandes cantidades de vacunas -o producirlas-, o porque tomaron buenas previsiones para aprovisionarse de ellas. Sin embargo, la mayoría de las naciones del mundo pugnan por avanzar en sus campañas de vacunación en medio de grandes dificultades.

Una de ellas es la falta de interés o el completo rechazo a la vacuna. La desinformación ha sido una constante en la pandemia, pero las campañas que se han creado en el mundo para desalentar a la población a vacunarse se llevan un galardón a la creatividad. Hay para todos los gustos: para los públicos religiosos existen argumentos como que la vacuna es “la marca de la bestia”; para los agnósticos, que la vacuna altera la genética del individuo con consecuencias insospechadas, o que junto con el producto se inocula un chip para controlar a los seres humanos. Tampoco faltan argumentos como que la vacuna produce infertilidad o cáncer.

Lo cierto es que nunca se había visto tal cantidad de contraargumentos a una campaña de vacunación que para tener éxito debe ser global, y que en vista que atravesamos el segundo año de pandemia podría ser más bien recibida con alivio.

Otras corrientes sostienen que las vacunas no son seguras porque el tiempo de desarrollo de las mismas es inferior a otras, sin tomar en cuenta que, dada la crisis sanitaria mundial, se ha invertido millonarias sumas de dinero y tiempo en investigación científica, precisamente para acelerar estos procesos y dar una solución a la humanidad.

En muchos países desarrollados estas corrientes han logrado que grandes sectores se resistan a ser inoculados, e incluso en EEUU, donde se ha avanzado velozmente en la campaña, se ha anunciado recientemente que se acudirá a las iglesias y escuelas para alentar la vacunación de quienes no la aceptan.

En Bolivia, se lucha de un lado por la escasez en la dotación y del otro lado por estos mismos problemas. Página Siete reportó que en poblaciones del oriente boliviano, como Riberalta y Guayaremerín,  la demanda de vacunas es muy baja, al punto  que empresas privadas, en coordinación con las autoridades de salud,  lanzaron promociones para incentivar la inmunización. “Vacúnate y  podrás recibir  un combo express gratis”, se lee  en la publicidad de la empresa KNN Burguer de Riberalta, que ofrece a los beneficiarios un combo completo:  hamburguesa, refresco y papas fritas. Las  compañías ofrecen descuentos en pizzas y otros  platillos. Paradójicamente, ambas poblaciones sufrieron el azote del virus hace algunas semanas, a punto de colapsar sus sistemas de salud por la llegada de la cepa brasileña.

En algunos distritos de El Alto también proliferan los mensajes antivacunas. “Desobediencia civil en masa... no a las  vacunas (...) Hermano,  escucha la verdad de tu corazón y  libérate, no seas esclavo del capitalismo”, es el discurso con el que estos grupos recorren ferias de El Alto y de  municipios aledaños. Siembran su mensaje aprovechando la desinformación en la  población. A la fecha, sólo se aplicó el 45% de las dosis destinadas a la urbe alteña.

Aunque las autoridades en salud niegan la veracidad de estos discursos e invitan a través de los medios a  que la población se vacune, la duda ya está sembrada. Los discursos antivacunas y conspirativos se abonan en cocteles peligrosos  de desinformación, titulares noticiosos imprecisos, fake news virales, creencias religiosas, polarización  política y temor a lo desconocido.

Es otra amenaza a vencer. Bolivia está hasta ahora avanzando modestamente pero con pasos seguros en la vacunación, pero es de esperar que tanto las autoridades garanticen la provisión de vacunas, como la población esté dispuesta a protegerse con este medio del virus. Nada nos garantiza del todo la inmunidad, pero hasta ahora la vacuna es el mejor medio de protección para controlar la propagación de la enfermedad.
 

 

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