Editorial

Nueva arremetida de violencia en Gaza

sábado, 15 de mayo de 2021 · 05:15

Israel y Palestina viven uno de sus peores momentos de tensión de los últimos años. Después de un período de relativa calma, la violencia más reciente estalló el pasado lunes con el lanzamiento de centenares de cohetes desde Gaza hacia Israel durante varios días y ataques aéreos israelíes en represalia contra el territorio palestino que han causado destrucción y dejado varias decenas de muertos y heridos a ambos lados sin que se aproxime un alto el fuego.

El telón de fondo de este nuevo conflicto se sitúa en los abusos denunciados por los palestinos de parte de colonos judíos que buscan asentamientos en la zona de Gaza. El Estado israelí permite a colonos de esa nacionalidad reclamar como propios territorios en Jerusalem si pueden presentar papeles de propiedad de antes de la creación del Estado de Israel en 1948,  algo a lo que se oponen los palestinos y que ha sido origen permanente de confrontaciones entre árabes y judíos en ese territorio (Jerusalem oriental).

La primera mecha de la actual confrontación se sitúa en el mes de abril, el mes del Ramadán que es sagrado para los musulmanes. La mayoría de la población palestina profesa esta religión y el mes pasado se denunciaron abusos de parte de la Policía israelí en las mezquitas donde los musulmanes acuden a orar. De este estricto control policial surgieron varios enfrentamientos entre grupos que la semana pasada llegaron a su máxima expresión en los disturbios que se suscitaron luego de la celebración del día de Jerusalem, una fecha en que los judíos celebran el avance de Israel sobre la zona oriental de Jerusalem en 1967, durante la guerra de los seis días.

La manifestación, que fue considerada como provocadora, ocasionó revueltas en las que cerca de dos centenares de palestinos fueron heridos al igual que varias decenas de policías israelíes. Como respuesta a estas protestas violentas, el grupo militante por la causa palestina, Hamas, que gobierna ese territorio y es considerado un grupo terrorista por Israel, lanzó cohetes sobre territorio israelí causando dos muertos. La respuesta de Israel fue contundente, con bombardeos en territorios palestinos que también ocasionaron muchos muertos, entre ellos varios niños.

Desde allí la mecha ha sido imparable. Según las autoridades judías, los muertos son principalmente miembros de Hamas, mientras que los palestinos denuncian masacre y uso excesivo de la fuerza.

Además, las principales ciudades israelíes se han convertido en espacio de confrontación entre árabes y judíos, que durante décadas habían convivido con relativa calma.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, llamó a ambos lados a la calma y sostuvo que la violencia no puede ser usada por unos en contra de los otros, y que la calma será restablecida por el Estado.

Sin embargo, mientras el conflicto continúa, y la cantidad de  muertos va  incrementándose, la comunidad internacional ha hecho un llamado de alerta y un pedido de pacificación a la región, ante la amenaza de una guerra a gran escala.

Lo cierto es que es difícil vislumbrar la paz en una zona tan convulsionada y con desiguales proporciones de poder, pero parecidas dosis de animadversión. Si bien durante largos años se vivió una situación controlada, el avance de los asentamientos y la asfixia de la comunidad palestina en un solo territorio, con el aval del Gobierno de Israel, es como una bomba de tiempo.

Jerusalem es considerada por Israel su capital en toda su dimensión, pero es al mismo tiempo la tierra del pueblo palestino, que se resiste a ser expulsado de ella. La comunidad internacional mantiene una situación expectante ante ello, y pocos países, entre ellos EEUU, avalan la voluntad del Estado de Israel de tomar posesión y control total de Jerusalem.

Sin embargo, como suele suceder, los que sufren el dolor, la muerte y el destierro son los ciudadanos que, de uno y otro lado, ven morir a sus familiares en una guerra fratricida e interminable.
 

 

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