Editorial

Desigualdad y vacunas

sábado, 22 de mayo de 2021 · 05:15

A principios de año, la tranquilidad de saber que había vacunas para frenar la Covid-19 nos unió.

Ese júbilo inicial se disipó al comprender que no todos tendremos pronto la misma protección. Por ejemplo, de las cerca de 1.500 millones de dosis de vacunas aplicadas en todo el mundo, solo el 0,2%  se distribuyeron en países de bajos ingresos.

Mientras en algunos países de Europa se reabren las terrazas, los teatros y museos, y se preparan los ánimos para un verano casi en libertad; y en EEUU -donde 157,5 millones de personas recibieron al menos una dosis y se está vacunando a los niños de 12 a 15 años-, ya se permite dejar de usar máscaras, el 80% del planeta sigue desprotegido y las crisis por nuevas cepas y nuevas olas continúa tan amenazante como hace un año. O peor.

Por ejemplo, India sigue siendo una incubadora de variantes de la Covid y la crisis sanitaria que la golpea no tiene precedentes en la historia; y América Latina sufre por oleadas los contagios en algunos países con más fuerza que otros, pero aún lejos de lograr la inmunización masiva.

De modo que la situación es desigual y urgente después de más de un año de vivir en pandemia, y el final de la crisis no parece tener aún fecha visible. Lo más probable es que los países ricos y desarrollados se vayan abriendo a la normalidad, mientras que el resto continúe buscando formas de sobrellevar los embates del virus. 

La herencia de esta pandemia, teóricamente, será la solidaridad y la interdependencia, por tanto, es necesario que los gobiernos, la industria farmacéutica y los países con más recursos encuentren una respuesta global a esta desigualdad. El mundo no estará a salvo mientras unas naciones avancen en la inmunización y otras se mantengan tan rezagadas y expuestas. Los expertos calculan que se necesitarían 11.000 millones de vacunas para inmunizar al 70% de la población mundial, lo que quiere decir que el camino por recorrer es imposible sin un esfuerzo conjunto.

Entretanto, lo que vemos es  una tendencia a la marginalización y la discriminación de quienes están en desventaja. Hay países que buscan proteger sus fronteras y han empezado a estudiar la posibilidad de restringir el acceso a las personas no vacunadas.  

Otra de las amenazas a una humanidad inmunizada es que incluso en los países sin problemas de suministros la vacunación evidencia profundas diferencias: los movimientos antivacunas tienen gran influencia en Europa y EEUU, y las posturas ideológicas también (por ejemplo en EEUU los votantes republicanos son menos propensos a vacunarse que los demócratas).

En conclusión, es poco alentador el escenario de un mundo dividido por recursos, poder e ideologías, que lucha contra una causa común pero de forma completamente desigual.
 

 

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