Editorial

La pandemia golpea nuevamente al país

domingo, 23 de mayo de 2021 · 05:15

Estamos viviendo, nuevamente y con una intensidad que creíamos superada, un nuevo embate de la pandemia, en su tercera ola. Las alertas se encendieron hace varias semanas, pero, como suele suceder, no ha sido hasta que las cifras mostraron números rojos que se produjeron reacciones.

Desde la semana que acaba, cada día ha ido superando al anterior en número de contagios y muertos. El pasado jueves se registraron 87 nuevos decesos por la Covid-19, la cifra más alta del año. El total de fallecidos subió a 13.780 en el país. En cuanto al número de contagios, hasta ese día la cifra fue  de 2.858,  que es la segunda más alta del año y la más alta de la tercera ola. El récord de 2021 fue el 28 de enero con 2.866 nuevos casos. En cuanto a decesos, Santa Cruz y Cochabamba batieron sus récords del año con 37 y  20 en un día, respectivamente. Oruro reportó  ocho decesos, Beni siete, La Paz cinco, Chuquisaca cinco, Potosí tres, Tarija dos y en Pando no se reportó muertos. Los mismos expertos que han estado alertando sobre la llegada contundente de una tercera ola, también adelantaron que es probable que ésta supere la cantidad de enfermos de las anteriores porque la cepa brasileña, que sería la que está presente en esta etapa, es más contagiosa que las precedentes.

Todo esto se da en un momento en que la vacunación en el país avanza aún lentamente. Si bien se ha superado la carencia de este inmunizante, el problema que se ha presentado durante los últimos días es la escasa afluencia de personas para ser inoculadas. Centros vacíos o con pocas personas ha sido la norma, a pesar de que hasta ahora la única forma de protegerse ante el ataque del virus es la vacuna.

Grupos antivacuna, con mensajes religiosos o discursos ideológicos, han sido efectivos en el desánimo de muchas personas para asistir a los centros de vacunación, pero también ha faltado una acción gubernamental que informe, aliente e incentive la inoculación masiva.

El Gobierno, que ha querido distanciarse en todo de su antecesora, Jeanine Añez, se ha ocupado de la dotación de vacunas y con mucho esfuerzo ha obtenido lotes importantes de inmunizantes; sin embargo, su misión informativa es por lo menos deficiente. Un gobierno tan efectivo y machacón en sus peleas políticas, no ha tenido la capacidad de liderar una campaña de vacunación que estimule al ciudadano.

Por el contrario, el presidente Luis Arce -de quien se informa que ni siquiera él mismo se ha vacunado- ha sido discreto al extremo con sus mensajes sobre la pandemia y, como se ha visto recientemente con el incremento de casos en todo el país, reacio a adoptar medidas restrictivas a fin de proteger la economía.

Si bien es cierto que la economía del país está atravesando uno de los momentos más críticos en décadas, la subida de los contagios, la falta de oxígeno en los hospitales y el colapso sanitario en las principales ciudades es preocupante y amerita acciones que no se están tomando. Por otro lado, el relajo en las medidas de bioseguridad se ha convertido en la nueva normalidad, y a pesar del momento crítico que se vive, la población no hace conciencia de evitar las concentraciones de personas, las fiestas y las reuniones sociales, y ni siquiera respeta el uso de máscaras en espacios públicos. Es por ello que han sido las autoridades locales quienes se han visto en la necesidad de tomar decisiones como limitar el horario de circulación de personas, dictar ley seca o, como el caso de Santa Cruz y Cochabamba -las más afectadas por la tercera ola- decretar cuarentenas rígidas al menos los días domingos.

Son momentos de mucha tensión y angustia; Bolivia ha perdido oficialmente cerca a 14.000 vidas en esta pandemia y se debe evitar entrar nuevamente en esa espiral de crisis y muerte. Estamos cansados de los confinamientos, pero mientras la campaña de vacunación siga a cuentagotas y la población no asuma sus responsabilidades, tenemos que apoyar las medidas que nos permitan evitar peores desenlaces.

 

 

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