Editorial

Apuestas políticas en plena pandemia

martes, 25 de mayo de 2021 · 05:15

Menos mal que el presidente Luis Arce decidió escuchar las críticas y se puso la vacuna Sputnik-V en el Hospital del Sur, la mañana de ayer. Menos mal, porque es al menos una señal entre una serie ya no sólo de omisiones sino de intencionales decisiones por no hacer lo que se espera que se haga o, para ser precisos, por no apoyar lo que otros hacen en este momento crítico de la pandemia.

Los expertos en salud, de todos los colores y regiones, no se cansan de advertir que éste es quizás el peor momento de toda la pandemia. Las cifras lo confirman: la última semana tiene más casos acumulados que cualquier otra desde que se inició la crisis sanitaria. 

La vacunación, la tabla de salvación planetaria, aún no está pudiendo derrotar la proliferación de contagios y de nuevas cepas que están volviendo a poner al mundo (por lo menos a ciertas regiones) en angustia y desesperación.

Es el caso de Bolivia, que en cuestión de pocos días ha visto crecer los contagios, colapsar los hospitales y escasear los medicamentos mientras que la ciudadanía parece no conectar con la gravedad del asunto y continúa asistiendo a fiestas y celebraciones y no respetando la bioseguridad.

Por ello, las autoridades de las principales ciudades del país (Santa Cruz, Cochabamba, Oruro y Tarija) han decidido volver a medidas que restringen la circulación por horarios y los días domingos y feriados. Lo increíble del caso es que el Gobierno ha decidido anunciar públicamente que no apoyará el cumplimiento de dichas medidas; en otras palabras, que la Policía no ejecutará multas ni detenciones que  los gobiernos subnacionales dispongan durante los encierros regionales,  ya que esto atenta contra la reactivación económica.

“Todo tipo de medidas que estén encaminadas a estipular multas económicas o detenciones indebidas por los gobiernos subnacionales no serán de acatamiento de la entidad del orden”, señala el comunicado del Gobierno e indica que se deben aplicar planes que permitan atenuar la enfermedad,  “enmarcados en la reactivación económica”.

Afortunadamente, ante  las advertencias y riesgos, la población en su mayoría ha respetado las restricciones, pero en algunas zonas de las ciudades esto no ha sido posible y la Policía se ha limitado a seguir las órdenes de vigilar pero no hacer nada más.

El presidente Luis Arce fue muy claro: las razones para tal decisión tienen que ver con no adoptar las mismas medidas que el gobierno predecesor para combatir la pandemia de Covid-19. Arce indicó además que estando en cuarentena rígida hubo una mayor letalidad por el mal. “Hemos estado todo el año 2020, recuerden al gobierno de facto, encerrados porque era la mejor manera de prevenir la enfermedad y Bolivia ha sido de los países que ha tenido la más alta letalidad de esta enfermedad (...) Hemos cambiado absolutamente esa estrategia, porque buscamos reducir más bien la letalidad en  nuestra población”, expresó Arce. 

Es insólito que en un momento como el actual, en vez de unir fuerzas en torno a las mejores decisiones que se puedan adoptar para paliar los efectos de una tercera ola que parece más amenazante que las otras, se opte por tomar decisiones estrictamente políticas, dogmáticas y distantes del análisis profesional y pertinente que el momento exige.

Hace unos días, desde este mismo espacio elogiábamos que el Gobierno haya decidido coordinar con las nuevas autoridades regionales y locales electas por el bien del país, pero resulta que ahora, en el tema que más aflige a la gente, que es la pandemia, decide ponerse al frente de las autoridades municipales y departamentales y desautorizarlas, en repudio a que esta medida fue  apadrinada por Jeanine Añez y su  gobierno.

Además de superficial y poco empática, esta actitud desorienta a la población, infunde mayores dudas y sólo termina de dibujar un manejo deficiente y errático de la crisis sanitaria. El Gobierno, finalmente, debe respetar las decisiones autónomas de los niveles locales y departamentales, y no mostrarse en contrarruta como hoy.
 

 

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