Editorial

Abusos aduaneros a pasajeros

miércoles, 5 de mayo de 2021 · 05:15

La lacra del contrabando hunde la industria boliviana y genera millonarias pérdidas en impuestos al país. Ese contrabando campea en las fronteras, a tal punto que las autoridades han sido largamente rebasadas y no son pocas las regiones del país que se han convertido en impenetrables por las mafias contrabandistas que en ellas campean.

Sin embargo, las autoridades aduaneras, quizás desalentadas por el fracaso perpetuo de la lucha contra el contrabando donde éste se produce a ojos vista, han decidido dirigir su atención y acción a los pasajeros que llegan vía aérea de cualquier parte del mundo, y emprender una cruzada de requisas y abusos que ha terminado por estallar en un escándalo.

Centenares de denuncias han llegado a los medios -puesto que los reclamos a las autoridades caen en saco roto- informando que el personal de Aduanas del aeropuerto  Viru Viru (Santa Cruz) ha impuesto como norma la revisión de la totalidad de  los equipajes de todos los pasajeros que llegan en vuelos procedentes del exterior. 

Los controles antes vigentes, el escáner o los botones rojo y verde, que señalaban quién debía pasar por inspección o quién no, en una suerte de lotería, han sido reemplazados por el control manual de las maletas. Pero el asunto no queda en ello: los “inspectores” sacan y auscultan todo lo que está al interior de valijas, mochilas e incluso bolsillos de los viajeros,  examinando si las prendas son nuevas o viejas,  si  son de la talla del que las porta, si trae regalos o medicamentos;  en fin, revisan hasta la ropa interior, sucia o limpia, a fin de determinar, quién sabe con qué criterio, qué pasa o qué queda confiscado o debe pagar multas o impuestos.

Lo peor de todo es que estos funcionarios, que además generan largas esperas y aglomeraciones de pasajeros en plena pandemia, deciden discrecionalmente qué se permite o qué se queda (en su poder, por supuesto), haciendo pasar a las personas involucradas momentos de tensión y zozobra injustificada.

De acuerdo con el Régimen de Viajeros vigente en el país, con la normativa de la Aduana Nacional, los pasajeros pueden ingresar al país sin pagar tributos de prendas de vestir y efectos personales usados; bebidas y artículos de tabaco con las siguientes limitaciones: hasta tres litros de bebidas alcohólicas, hasta 400 cigarrillos, hasta 50 cigarros o 500 gramos tabaco picado. Asimismo, medicinas de uso personal con prescripción o de libre uso hasta tres unidades; también se permiten artículos nuevos con valor igual o menor a   1.000 dólares (por ejemplo,  una unidad de máquina fotográfica, computadora portátil, filmadora y accesorios, grabadora, celular y  artículos para deportes, entre otros).

Es decir, que sería suficiente con que una valija pase por un escáner o si una persona lleva una cantidad excesiva de equipaje para determinar si es necesario hacer una revisión posterior. Sin embargo, actualmente, el control abusivo se extiende a todo quien aterriza en el país, pues al parecer el aeropuerto de El Alto ha decidido emular a sus pares de Santa Cruz.

Cualquier control serio y respetuoso es aceptable, cualquier exceso y arbitrariedad acaba por ser rechazado; y es precisamente eso lo que se está presenciando en estos aeropuertos, quién sabe si por una mala aplicación de la norma o por un desbande de abusos no controlados por las autoridades.

Consultados sobre ello, los responsables dicen estar cumpliendo con su deber y con la normativa vigente, pero claramente los hechos revelados señalan que no es solamente eso: se puede tratar de abuso, de corrupción, de descontrol, pero ésta no puede ser la normalidad.

En ningún país del mundo se somete a los viajeros a este tipo de requisas arbitrarias, violatorias de sus derechos y de su privacidad. Algo tienen que hacer las máximas autoridades del sector para dar respuesta a centenares de denuncias que hoy no encuentran respuesta.

La lucha contra el contrabando debe estar dirigida a los espacios donde éste se reproduce, que no es precisamente las maletas de quienes vuelven de un viaje con sus efectos personales. 
 

 

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