Editorial

El poder delante del trono

jueves, 6 de mayo de 2021 · 05:15

El expresidente Evo Morales no es el poder detrás del trono, es el poder delante del trono porque lo ejerce a vista y paciencia del presidente Luis Arce y de todos quienes votaron por el actual mandatario.

Por ejemplo, se reunió con los empresarios agropecuarios de Santa Cruz, quienes acudieron a él para pedirle que “interceda” ante Arce para que libere las exportaciones de carne y permita el uso de los transgénicos. La cita fue en el Chapare y, lejos de guardar discreción, el expresidente difundió la fotografía mediante sus redes sociales para que quede claro quién gobierna Bolivia.

Hay que recordar que pocos días antes de esa cita, el gobierno de Arce limitó la exportación de carne, puso en vigencia el certificado de abastecimiento interno y anuló dos decretos de la expresidenta Jeanine Añez que aceleraban los procedimientos para el uso de semillas transgénicas.

Amén del significado político de la foto, es lamentable que empresarios bolivianos, generadores de empleos y productores de alimentos, tengan que bajar la cabeza para ir a rogar por una mejor gestión económica ante un hombre que ni siquiera es el presidente.

Este encuentro, sin embargo, no es la única demostración de poder de parte de Morales. El tema que está marcando al gobierno de Arce es la persecución en contra de Añez y está claro que quien mueve los hilos del caso es  Morales y su entorno, aún a pesar del desgaste de la imagen nacional e internacional del gobierno de Luis Arce. Los objetivos también están claros: ejecutar una venganza contra quienes lo expulsaron de la Presidencia y recuperar el cargo lo antes posible.

La justicia, que ha perdido toda credibilidad en Bolivia, se ha puesto al servicio del expresidente no solo para perseguir a sus enemigos, sino para liberarlos a él y a sus colaboradores de toda culpa.

El exmandatario también ejerce como un canciller paralelo. Por ejemplo, tras la resolución del Parlamento Europeo que pide la liberación de Añez, fue él quien respondió y no así Arce o el ministro Rogelio Mayta. De hecho, ha remitido una carta en la que fustiga a los europarlamentarios, acusándolos de colonialismo. 

Por otro lado, Morales se ha reunido hace poco con el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, también en el Chapare, donde ha instituido su despacho paralelo. Y, allá también llevó adelante encuentros internacionales con movimientos sociales e incluso ha creado, junto a ellos, una organización denominada Runasur, que trata de emular a la fracasada Unasur.

En los últimos días se lo ha visto, además, participar de actos de posesión de nuevas autoridades y en reuniones con autoridades regionales, en las que se da línea para su accionar.

Por ejemplo, participó en el acto de posesión del alcalde de Oruro, su sobrino Adhemar Wilcarani. Nada habría que decir si hubiera asistido como un invitado más, pero ocurre que ocupó la testera en la Corte de Justicia de aquel departamento. También participó de la posesión simbólica del gobernador de Potosí y mantuvo reuniones con las autoridades electas de La Paz, Oruro y Potosí.

Es más, hizo un llamado para realizar una reunión nacional de todas las nuevas autoridades regionales, algo que podría ser saludable para la buena coordinación de la gestión, pero no con él, sino con el presidente Luis Arce.

El nombramiento de su entorno en cargos clave es también una muestra de cuánto pesa el exmandatario en las decisiones de Arce. Cinco de sus exministros ya fueron nombrados embajadores. Entre ellos, el de más alto perfil político es Héctor Arce, que fue designado embajador ante la OEA con la explícita misión de pedir cuentas por la auditoría de aquel organismo que detectó fraude electoral en Bolivia en 2019.

Como se puede ver, no son hechos aislados los que nos llevan a afirmar que Evo Morales está ejerciendo el poder para el que fue elegido Luis Arce. Ahora que se cumple medio año de su gestión, el mandatario tendría que dar un viraje a esta situación para estar a la altura de quienes le confiaron su voto.
 

 

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