Editorial

Colombia, una crisis que duele

sábado, 8 de mayo de 2021 · 05:15

Colombia está pasando uno de los momentos más críticos de su historia: no sólo es una crisis económica y política, también es una crisis sistémica, del Estado y de la propia democracia de aquel país. 

El estado de violencia represiva, con un número indeterminado de muertos en manos de la Policía, la indolencia gubernamental, pero también la indignación social, han llevado la situación a los extremos. El país ha vivido momentos críticos en muchas oportunidades, con el asedio de la guerrilla y los cárteles del narcotráfico que generaron olas de crímenes e inseguridad; también con atentados y asesinatos de políticos y candidatos… Pero, la actual es un trance de raíces profundas, de descontento imparable, detonado por la pandemia, la crisis económica, la falta de oportunidades y la falta de sintonía del gobierno con la gente, con las mayorías del país.

Diríamos que el gatillo fue la ley para una reforma tributaria presentada por el gobierno del presidente Iván Duque como una medida desesperada para cubrir el enorme déficit generado por la pandemia. El 15 de abril de este año se presentó ante el Congreso el proyecto “Ley de Solidaridad Sostenible”, que a pesar de mencionar la palabra “solidaridad”,  busca el gravamen del Impuesto al Valor Agregado (IVA) especialmente en las personas naturales, no así en los sectores de mayores ingresos o las empresas.

Según la explicación oficial,  con ese impuesto se busca recaudar unos 6.300 millones de dólares para enfrentar la crisis económica: y, según el ministro de Economía, ese dinero provendría “en un 73% de las personas naturales y el resto de las empresas”, lo que quiere decir que se busca gravar productos básicos y servicios públicos.

La reacción ha sido contundente, tanto de parte de la ciudadanía que, en plena tercera ola y desafiando los riesgos de la pandemia, se movilizó masivamente en todo el país (incluso en poblaciones pequeñas), como de parte de las fuerzas del orden que, con aval gubernamental, usaron la violencia para frenar las protestas y llamaron “terroristas” a los manifestantes.

Con un número indeterminado de fallecidos y centenares de detenidos, Duque tuvo que dar pie atrás en su reforma tributaria y el ministro de Economía dimitió al cargo, pero la calma está lejos de ser retomada. En  un país que ha tenido una de las economías más estables de la región, la crisis de empleo, ingresos y oportunidades ha colmado la paciencia de los colombianos que enfrentan ahora un paro nacional sin precedentes.

Las organizaciones sociales y los grupos de manifestantes quieren que Duque retire otras medidas de su denominado “paquetazo”, lo que incluye reformas de pensiones, salud y trabajo, además de la búsqueda de responsables de las muertes.

Es un duro momento para el Presidente colombiano que ha sido señalado como un presidente débil que ha contribuido a la polarización del país. Lo cierto es que el descontento de grandes sectores de la población con la clase política y con los resultados de esta gestión (acrecentados por la pandemia), ponen al gobierno ante una gran fragilidad, y alientan el surgimiento de posturas extremas.

Se habla, por ejemplo, de que estas movilizaciones y la indignación popular podrían incluso llevar a la renuncia de Duque. Del otro extremo, algunos mencionan la posibilidad de un golpe de Estado. En todo caso, la credibilidad y apoyo del Presidente se encuentra en los niveles más bajos y las encuestas para las elecciones generales, que serán el próximo 2022, pronostican la subida de Gustavo Petro, un exmilitante de la guerrilla. En otras palabras, a la polarización vigente se avecina una mayor confrontación.

Lo cierto es que la situación de Colombia duele y preocupa. Primero por la pérdida de vidas en medio de la violencia descontrolada del Estado; y segundo por la dificultad de encontrar salidas ante una crisis que la sentimos próxima y familiar. Ojalá en el diálogo respetuoso, empático e inclusivo se avizoren soluciones.
 

 

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